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Tema 6: Ante los nuevos horizontes culturales

...las nuevas tecnologías, la interculturalidad, la opción por la paz, el desarrollo de los pueblos...


I. UNA MIRADA SOBRE LA REALIDAD ACTUAL

El mundo se ha ido trasformando de pocos años a esta parte, especialmente evidente ha sido en Europa que se ha convertido en un terreno privilegiado para una nueva cultura, para una nueva civilización a la búsqueda de sus raíces más auténticas y de su futuro. Así, podemos destacar algunos aspectos de esa transformación: paso de una cultura de nacionalismos, a una cultura de pueblos sin fronteras; de una cultura de guerra, a una cultura fundamental de paz y de no violencia; de una cultura del poder, a una cultura de la libertad; de una cultura de la indiferencia, a una cultura de participación y voluntariado, de compromiso con el bien común y con la salvaguarda de la naturaleza. Se trata, en suma, de un paso de categorías de encierro, de segregaciones políticas e ideológicas, a modelos de nuevas formas de integración; de modelos de conquista a modelos de mutua ayuda, servicio y solidaridad.

En la situación actual, se observa una neta preponderancia del modelo occidental: la economía de mercado en el plano económico, la cultura científico-tecnológica y el pluralismo ideológico en el plano cultural, las democracias en el plano político. Si nos referimos a los límites de la cultura imperante hoy en día, diremos que trata los temas humanos y éticos a menudo dejados de lado por la racionalidad del liberalismo político-económico, como, por ejemplo, la calidad de la vida, la ecología, las drogas, el malestar psíquico, la disminución de la esperanza, de las utopías; todos estos problemas pueden ser enfrentados sólo con una nueva ética, con una conciencia moral diferente y con una renovada conciencia religiosa que sepa ante todo captar e interpretar los signos de los nuevos tiempos.

Nuestra sociedad occidental parece haber entrado en una fase de encendida y exasperante competitividad que causa no pocas víctimas: el que es débil y no sigue su ritmo, permanece marginado y es olvidado. El camino del crecimiento material de nuestra sociedad ve pasar no sólo a los vencedores, sino también a las víctimas. La carrera del éxito crea una mentalidad despiadada según la cual son elogiados los primeros y olvidados los últimos.

Existe también, el desequilibrio ecológico que suscita graves preocupaciones. La cuestión ha sido muy discutida y es notablemente compleja. Podemos recordar al respecto las palabras de Juan Pablo II: "Ante todo es necesario reconciliar al hombre con la creación, cuidando de preservar la integridad de la naturaleza, su fauna y su flora, su aire y sus ríos, sus frágiles equilibrios, sus recursos limitados, su belleza que canta la gloria de su creador".

Inquietantes son los síntomas de encierro en la fortaleza europea del bienestar, y esto en una situación histórica que más que nunca apela a una cultura de la solidaridad. Si miramos hacia el sur del mundo, hacia América Latina, África, Asia, nos damos cuenta de que existe un muro con siglos de antigüedad que separa a los ricos de los pobres. No se puede menos de considerar perverso, y de aspecto de pecado estructural, un sistema financiero que ha llevado a tantos países a endeudarse de manera insoportable, sin obtener la mínima ventaja en términos de desarrollo interno. ¿Qué cultura será en el futuro: una cultura de la exclusión y de la explotación o una cultura de la acogida y de la solidaridad?

II. LA NOVEDAD DE LA EVANGELIZACIÓN

Ante la diversidad cultural, religiosa y racial, existe la necesidad de que haya testigos que emprendan sin complejos una nueva evangelización. Se trata de un desafío muy complejo que no se vence simplemente poniendo de nuevo y confirmando valores tradicionales, sino con una nueva reflexión sobre el rol de la religión y de la Iglesia, para garantizar un auténtico crecimiento, en primer lugar, en humanidad.

Este nuevo milenio, con sus graves peligros y sus apasionantes desafíos, ofrece, en definitiva, insospechadas oportunidades de nuevos crecimientos. A la base de los nuevos desafíos está aquel conjunto de "nuevas fronteras" y de "nuevos modos de pensar" que marcan nuestra historia reciente y de la que el derrumbe de las viejas fronteras es sólo el aspecto más emblemático.

La evangelización no toca solamente lo espiritual. La atañe también la salvación y la liberación del hombre en todas sus dimensiones. La "nueva" teología de la Iglesia y de su misión parte de un concepto integral de la salvación. No es lícito separar la dimensión espiritual de la evangelización de su dimensión "pública". Es necesario conjugar mística y política, salvación y liberación. Aquí surge de inmediato la dimensión misionera-evangelizadora del empeño de los derechos humanos, por la paz y la justicia, y su raíz más íntimamente espiritual-teológica: la encarnación del Dios-Amor en un mundo lacerado y conflictivo, marcado por tantas realidades de divisiones, injusticias y "estructuras de pecado". Es necesario superar absolutamente los residuos de las contraposiciones dualistas entre fe y compromiso, fe y cultura, evangelización y auténtico desarrollo humano.

Llevando el Evangelio más allá de los límites geográficos, mentales, culturales, religiosos, se vive el principio de la gratuidad: dando se recibe. El diálogo, no sólo en palabras, sino también en el mutuo respeto, en el conocimiento reciproco de las culturas y religiones, enriquece a ambas partes y coloca una pequeña piedra para el Reino futuro. En palabras de Dom Helder Cámara: "Nadie es tan rico que no pueda recibir. Nadie es tan pobre que ya no pueda dar nada."

Misión-Evangelización ya no están reservadas a determinados países o regiones. La nueva misionalidad cree en la creatividad del mismo Espíritu presente, si bien en formas diversas, en todas las culturas y también más allá de los confines de la Iglesia visible. La historia "maestra de la vida" no es sólo memoria de la que obtener alguna útil enseñanza, sino que es sobre todo proyecto que se elabora siempre de nuevo, se injerta en el deseo de todos los que creen en la necesidad de trabajar en por un cielo nuevo y una tierra nueva.

III. LA APORTACIÓN FRANCISCANA

Lo primero que deberíamos pensar, quizá, es que no tenemos que tener una idea demasiado triunfalista de nuestras posibilidades en términos "operativos". Lo que se necesita sobre todo es un corazón sensible y abierto a las nuevas realidades, mucho estudio, lucidez e inteligencia en los análisis, solidaridad ante los desafíos que ningún individuo y ningún grupo puede resolver por sí solo.

Además, a los franciscanos, "menores" y "pequeños" por definición compete quizá más que a otros, la conciencia de ser llamados a dar pequeños pasos y evitar, en lo posible, palabras y declaraciones gratuitas. Lo que contará serán los pasos pequeños, pero muchísimo más valientes, en la llamada "nueva evangelización". Nuestro estilo está expresado en el eslogan: "pensar globalmente, actuar localmente". La vocación nuestra será probablemente de la levadura que se echa en la masa, la de la pequeña semilla.

Algunos aspectos de la acción franciscana:

1. Estar encarnados en medio de la gente, usar su lenguaje. La palabra de Dios, eterna e inmutable, a menudo está escondida en la palabra de los hechos y en los hechos del hombre. Estamos llamados a "decir" la palabra de Dios, con la palabra del hombre con quien compartimos los gozos y las angustias, a "narrar" los hechos, después de haberlos conocido y haber vislumbrado en ellos el designio de Dios para la humanidad.

2. La experiencia franciscana como seguimiento llega a ser seguimiento concreto vivido en la dialéctica de la historia y de la cultura, con la experiencia del pecado y la conversión, de la muerte y de la resurrección. Es justamente la fe en Cristo resucitado la que nos sostiene en las múltiples transformaciones y conflictos, y nos prepara el paso hacia la casa del Padre. Es ésta, en definitiva, la experiencia del Dios vivo hoy: poder contemplar en todo, incluso en las situaciones más extremas, el designio de Dios.

3. El franciscano, aún hoy, puede ser significativo si, con su estilo de vida, con su ejemplo, con sus realizaciones, con su testimonio, con su cultura, siembra en los corazones aquella fraternidad cristiana, productora de solidaridad, que la utopía marxista no pudo construir con la violencia, y que el consumismo, con su tendencia fundamentalmente individualista y anti-solidaria, tiende continuamente a destruir. ¿Seremos capaces de construir lugares donde se pueda vivir humana y solidariamente?

4. El cometido de los franciscanos no puede ser diverso del que nos dejara francisco de Asís: construir la vida de la Iglesia, siendo nosotros mismos "piedras vivas". Es la misma historia la que enseña a la Iglesia y tal vez al movimiento franciscano una lección sobre una espiritualidad y una misionalidad más encarnada en la historia contemporánea. Y no estaría mal si la misma memoria de la liberación y del la promoción del hombre, social, cultural, que tenga en cuenta los avances tecnológicos y científicos, encontrase un eco profundo en la misma Iglesia, con un estilo renovado entre todos sus miembros, con una nueva praxis de participación entre todos y en el diálogo confiado, con una profunda cultura participativa y tal vez democrática.

5. Compete a nosotros, franciscanos, el rol de hacer nuestra parte, más con la vida que con nuestras palabras, basada en los valores del respeto incondicional a toda cultura, a toda interpretación de la vida que ayude a promoverla y a desarrollarla, haciéndola más humana y más cercana, haciendo de nuestras relaciones lugar de encuentro con Dios en el hermano.

La Virgen María rodeada de ángeles y San Francisco al fondo

LAS CONSTITUCIONES GENERALES DE LA ORDEN DE LOS HERMANOS MENORES

Artículo 92

$2 Dado el creciente anhelo de los pueblos por vivir y celebrar su fe con formas adecuadas a su idiosincrasia, colaboren de buen grado en esta labor de inculturación.

Artículo 93

$2 Perciban las semillas del Verbo y la secreta presencia de Dios, tanto en el mundo actual como también en muchos elementos de otras religiones y culturas, a cuyo estudio deben dedicarse con gran respeto.

Artículo 94

Es de suma importancia y ha de promoverse en gran manera la evangelización de las culturas, en virtud de la cual se desarrollan en todos los sectores de la vida los valores verdaderamente humanos y se extirpan los abusos nocivos a la dignidad humana.

Artículo 96

$1 Plenamente persuadidos los hermanos de la importancia y gravedad de los problemas sociales, aprendan y enseñen con solicitud la doctrina de la Iglesia sobre el orden social, la familia y la persona humana. Investiguen criticamente también otros elementos culturales, como aptos que son para iniciar el diálogo que facilite una respuesta cristiana.

$2 Como quiera que una gran parte de la humanidad se halla sometida a la indigencia, a la injusticia y a la opresión, dedíquense los hermanos, juntamente con todos los hombres de buena voluntad, a instaurar una sociedad de justicia, de liberación y de paz en Cristo resucitado, y, ponderadas atentamente las causas de cada situación, participen en las iniciativas de caridad, de justicia y de solidaridad internacional.

$3 También en el seno de la Iglesia y de la Orden han de trabajar los hermanos con humildad y entereza para que los derechos y la dignidad humana de todos se vean respetados y garantizados.

Artículo 102

$2 Para que la predicación resulte verdaderamente profética, escrútense con diligencia los signos de los tiempos e interprétense a la luz del Evangelio.

Artículo 105

$2 Conforme a la antigua tradición de la Orden, ayuden los hermanos a las Iglesias particulares, defendiendo la sagrada escritura y la fe católica con medios aptos, acomodados a la condición de las personas y de los tiempos.