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Toma 3°: Desde la opción por
la justicia y la paz
Abrimos caminos de conversión y reconciliación..
Este texto es parte la conferencia que el Ministro General,
Fr. José Rodríguez Carballo, ofm, pronunció en el
II Encuentro de Delegados Europeos de Justicia y Paz OFM, celebrado en
Santiago de Compostela dé¡ 18 al 23 de octubre de 2004.
Hace más de cuarenta años, el Papa Juan XXIII, miembro
de la Familia Franciscana en cuanto Hermano profeso de la Orden Franciscana
Seglar, confiaba al mundo su mensaje de paz, proponiendo a los hombres
y mujeres de buena voluntad una noble misión: "recomponer
las relaciones de la convivencia en la verdad, en la justicia, en el amor
y en la libertad". Después de tantos años aquella misión
sigue siendo profundamente actual y urgente, como actuales son los pilares
sobre los que es posible levantar el edificio, hoy profundamente deteriorado,
de la paz.
Es verdad que siempre la humanidad ha tenido necesidad de paz. Pero
hoy esa necesidad es más sentida que en otras épocas. ta
guerra, la violencia, el terrorismo, han vuelto a "habitar"
prepotentemente nuestra historia, como instrumento cómodo para
dirimír los conflictos, afirmar las propias -razones, rescatarnos
de viejos equívocos, responder a la amenaza del terrorismo... Sí,
con los acontecimientos del tristemente famoso 11 de septiembre de 2001
-renovados en el no menos tristemente famoso del 11 dé marzo de
2004-, espesas nubes se ciernen sobré nuestro presente, generando
incertidumbres y miedos para el futuro.
En este oscuro horizonte ¿será posible entrever el arco
iris de la -reconciliación y de la paz, será posible reapropiarnos
del ramo de olivo? La noble misión, de la cual hablaba "el
Papa bueno", se ha transformado en un reto para aquellos que se toman
en serio el destino de la humanidad y, sobre todo, para aquellos ;que
se dicen discípulos de Jesús y seguidores de Francisco.
.
1. Nuestra humanidad "crucificada"
Para comprender mejor lo que pueda significar nuestro compromiso en
favor de la paz, creo necesario hablar brevemente de la no paz, es decir,
de la violencia, verdadero flagelo de nuestros días. La violencia
no consiste sólo en el uso de las armas, las guerras, el terrorismo,
los malos tratos. En estos casos se trataría de "violencia
directa ": En nuestros días se da también la "violencia
estructural ", una violencia que no se ejerce directamente, sino
a través de las estructuras. Una violencia causada por el hecho
de que unos lo tienen todo e incluso les sobra de todo y otros no tienen
nada y mueren de necesidad. Finalmente está la "violencia
cultural " causada por ideas, reacciones emotivas y símbolos
que legitiman tanto la violencia que hemos llamado "directa"
come la "estructural". La "violencia cultural" es
así, verdadero "caldo de cultivo" de la violencia directa
y estructural Los tres tipos de violencia se alimentan unos a otros. A
menudo la "violencia directa" se pone al servicio de la "violencia
estructural", y la "violencia cultural" justifica tanto
la "violencia directa" como la "violencia estructural.
Como' resultado tenemos, entonces, una red de violencias que se convierten
en trampas mortales para cuántos caen en ella.
Esta red de violencias se tejo de muchas situaciones de injusticia que
terminan siendo "terreno abonado" para violencias masivas. Por
motivos de tiempo, aquí quisiera señalar sólo algunas
de esas situaciones visiblemente presentes en Europa y que nos deberían
interrogar seriamente a quienes nos sentimos llamados a ser constructores
de paz en este continente. En Europa, que oficialmente es considerada
como el "club de los ricos", hay 60 millones de pobres, es decir,
que reciben menos de la mitad de la renta "per capita" del país
al que pertenecen. El paro alcanza cuotas muy elevadas, particularmente
entre la población juvenil y entre las mujeres, lo que hace que
muchos estén expuestos a una vida inestable y con escasas perspectivas
de futuro, y lo que es peor, la llamada eufemísticamente "flexibilidad
laboral" supone, como consecuencia, una quiebra de la familia.
La emigración muchas veces comporta marginación, desigualdad
e injusticia, frutos del rechazo y no aceptación de la condición
humana real del otro. Con frecuencia a los emigrantes se les acepta por
su capacidad de trabajo, su rendimiento en los trabajos más duros,
olvidándose que tras el cuerpo hay una persona, una religión,
una cultura. La mujer sigue sufriendo, en muchos -casos, discriminación,
malos tratos, violencia doméstica. Los fundamentalismos de los
cuales vienen la intolerancia y la negación del otro. La política
dominada por la ideología neoliberal y que, en muchos casos, mira
sólo a mantener el poder, saltando las instancias internacionales
de control moral y democrático, y haciendo uso político
de lo religioso como legitimador de confrontaciones bélicas con
otras culturas. Estas confrontaciones en la mayor parte de los casos encubren
o disimulan otros intereses "no confesables" y, en no pocas
ocasiones, también fundamentalismos religiosos. La llamada "religión
del consumir" cuyos frutos son: la fiebre de tener, de poseer, de
experimentar nuevas sensaciones. Todas estas y otras situaciones son una
amenaza real para la paz, pues forman parte de la "violencia cultural"
cuándo no lo son ya de la "violencia directa" que termina
siendo "violencia estructural", causa inmediata de la "violencia
directa".
2. Los Hermanos Menores, heraldos de paz a ejemplo de Francisco
Estas situaciones no pueden dejamos impasibles a cuantos nos decimos
discípulos dé Jesús. A sus discípulos Jesús
les ha confiado la misión de llevar la paz a cualquier lugar donde
vayan: "En cualquier casa donde entréis decid: paz a esta
casa" (Lc 10,5). Construir la paz, sembrar la paz, ser operadores
de paz no es, para cuantos hemos-optado por seguirlos pasos de Jesús,
una opción al lado de otras muchas, sino un verdadero compromiso
evangélico.
Pero en este compromiso común "para conseguir el desarrollo
de la paz, para salvar la misma naturaleza y el mundo que nos rodea cada
uno ocupa "su propio lugar" (SRS 47). La común vocación
a "ser instrumentos de paz" puede y debe ser vivida en modos
diversas, teniendo en cuenta las situaciones en que uno vive, las propias
responsabilidades y los propios .
En este contexto es lógico y necesario que nosotros los Hermanos
Menores nos preguntemos ¿qué compromiso, como franciscanos
y en cuanto franciscanos, hemos de asumir en la construcción de
la paz? ¿Por qué estamos comprometidos y. cómo estamos
comprometidos por la paz?
Si para un cristiano no es opcional el compromiso por la paz, mucho menos
lo es pata aquellos- que, en cuanto Hermanos Menores, hemos elegido seguir
"más de cerca" los pasos de Jesús a ejemplo de
Francisco de Asís. Es más, teniendo en cuenta el ejemplo
de Francisco, nosotros, los Hermanos Menores, estamos llamados a ofrecer
una aportación específica a la paz.
Los Hermanos Menores, llamados a "compartir en nuestra carne las
ansias y los miedos vividos por nuestros contemporáneos" (El
Señor os dé la paz, Capítulo general 2003 de la O1M
= Sdp 20), oramos con Francisco que el Señor ilumine las tinieblas
de nuestro corazón y nos dé una fe recta, una esperanza
cierta y una caridad perfecta (S. Francisco, Oración ante el Crucifijo
1-2), y pedimos también que el Señor nos dé la gracia
de abrimos "al dialogo con el Dios de la historia" (Sdp 27d)
para poder dar una respuesta evangélica adecuada a tantos "signos
de muerte y de violencia". En contacto con esta "humanidad herida"
los Hermanos Menores nos sentimos enviados por el Espíritu a "curar
las heridas" de tantos hermanos nuestros que yacen, heridos en nuestros
pueblos y ciudades a causa de la violencia estructural, cultural y directa,
pues en ellos reconocemos la imagen del Cristo crucificado. Como a Pablo,
también a nosotros "el amor de Cristo nos empuja" (ZCor
5, 14) a amar, y caminar en solidaridad con toda clase de víctimas
de la violencia. En una sociedad como la nuestra, donde las tinieblas
parecen vencer a la luz, queremos ser "ráfagas de luz presentes
en la noche de los pueblos, faros generadores de esperanza" (Sdp
6).
¿Por qué una aportación específica por parte
de los Franciscanos en la construcción de la paz? Deseo recordar
aquí el "gesto" profético de Juan Pablo II. Cuando
guerras, desesperación, injusticias., privaciones de todo tipo
afligen tantos seres humanos, el Papa invita a todos los creyentes y a
todos los hombres de buena voluntad a peregrinar a Asís. ¿Por
qué Asís? E l Papa Juan Pablo II nos da la respuesta: "Nos
encontramos en Asís donde todo habla de un singular profeta de
paz, llamado Francisco. El es amado no sólo por los cristianos,
sino también por todos los otros creyentes, y por personas que,
aunque lejanas de la religión, se reconocen en los ideales de la
justicia, de la reconciliación, del amor, que fueron sus ideales".
Para nosotros franciscanos, el porqué y el cómo ser constructores
de paz emergen de la experiencia humana y cristiana del hermano y padre
Francisco. Una vez "entendido" adecuadamente el sentido de las
palabras del Cristo de San Damián, el "Pobrecillo" se
hace promotor de la paz por medio de cartas circulares y yendo por el
mundo para anunciar el Reino de Dios y el don divino de la paz, de tal
modo que -como escribe Tomás de Esplit -, "toda la sustancia
de sus palabras miraba a poner fin a las enemistades y a poner los fundamentos
de nuevos pactos de paz". Realmente Francisco fue un hombre comprometido
hasta la médula por la paz y la reconciliación, hasta el
punto de realizar gestos que, además de arriesgados o precisamente
por ello, eran verdaderamente proféticos. Ejemplos elocuentes son
los "gestos": de Siena, donde logró poner fin a las luchas
que ya se habían cobrado dos muertos (cf Flor 11); de Arezzo, donde
logró poner fin a una verdadera guerra civil que amenazaba con
el exterminio total (2Cel 108); de Asís, donde reconcilió
al obispo y el podestá (cf EP 101); de Siria donde, desarmado,
va al encuentro con el Sultán (l Cel.57). Con razón San
Buenaventura llamó a Francisco "ángel de la verdadera
paz", que "anunció a lo hombres la buena noticia de la
paz" (Leyenda Mayor, prol. 1).
Conquistado por Dios -que es mansedumbre, seguridad, paz... (cf AiD),
y siguiendo a Cristo, pobre y crucificado, que con su cuerpo entregado
y su sangre derramada nos alcanzó la reconciliación y la
paz -, Francisco nos invita a saludar a la gente con el saludo que le
reveló el Altísimo: '11 Señor os dé la paz"
(Test 23); y nos exhorta a "ser pacíficos y modestos, mansos
y humildes" (Rb 3, 12) Y nos recuerda constantemente que nuestra
misión es la de sanar heridas, ir en busca de quien está
perdido, recomponer fracturas...
Para un franciscano "acercar a las gentes, incluso los enemigos,
a la paz y el bien", comprometerse en "suscitar una nueva visión
de la vida y de las relaciones, fundadas en la justicia y el amor, como
camino hacia la paz" es una de las exigencias de la "urgencia"
que sentimos de "volver a lo esencial de nuestra experiencia de fe
y de nuestra espiritualidad para nutrir, mediante la fuerza liberadora
del Evangelio, nuestro mundo dividido, desigual y hambriento de sentido,
como hicieron en su tiempo Francisco y Clara de Asís" (Sdp
1.2). Los franciscanos no podemos simplemente "propagar" lo
que hizo Francisco en favor de la paz. Inspirándonos en ello hemos
de asumir "la responsabilidad que nos ha sido confiada en nuestro
tramo de historia" (Sdp 3), por eso queremos "en la itinerancia
y el diálogo compartir la vida de nuestros vecinos y ofrecer nuestro
mejor esfuerzo para crear con ellos una cultura alternativa de signos
capaces de ofrecer la alegría y la pasión por la vida) (Sdp
24); queremos "ser portadores dé alegría, comunión
y solidaridad" (Sdp 25); queremos, como Francisco, ofrecer "una
bendición de paz" a todo el que sufre (Sdp 30).
En una "sociedad crucificada", como la nuestra, a causa de
situaciones de violencia de todo tipo, de guerra y de terrorismo, conscientes
de que la paz es inseparable de la justicia (cf Sal $5,11; Is 60, 17),
del perdón, de la verdad, del amor y de la libertad; conscientes
también de que no habrá paz duradera mientras haya países
que llamamos "subdesarrollados" o países del "tercer
mundo" y de' que la paz es una de las manifestaciones de la llegada
del Reino (cf Rm 14, 17), los franciscanos queremos hacer una lectura,
dar una interpretación y ofrecer un juicio de estos "signos
de muerte" a la luz del Evangelio (cf Gaudium et Spes 4, Sdp 6) y
de nuestra espiritualidad, para "ser nosotros mismos signos legibles
de vida para un mundo sediento de nuevos cielos y nueva tierra" (Sdp
7), "educar para la cultura de la no violencia y del respeto por
la creación" (Sdp 13), favorecer el diálogo entre las
culturas, las distintas generaciones, sexos, religiones e ideologías,
como camino para la paz (cf Sdp 15), evitando todo tipo de fundamentalismo,
"humus" del que provienen la intolerancia, el autoritarismo,
la coerción, el dogmatismo, el fanatismo, el sectarismo, el racismo,
la exclusión del otro por ser diverso..., la violencia, la guerra
(cf Sdp 14). En medio de esta sociedad en que nos ha tocado vivir deseamos
intensamente que "donde quiera que nos encontremos, anunciemos con
claridad la posibilidad de un mundo acogedor, justo, tolerante y pacificado"
(Sdp 40).
Como franciscanos, llamados a construir y manifestar la presencia del
Reinó de Dios en medio de nosotros, no podemos eximimos de trabajar
por la paz y la justicia. ¿En qué consiste nuestro compromiso
en favor de ¡ajusticia y la paz? ¿Cuáles son las consecuencias
de dicho compromiso? ¿Cuáles son los presupuestos para un
compromiso eficaz en favor, de la justicia y la paz?
3. Los Hermanos Menores al servicio de la paz.
Algunas
acciones concretas. Nuestro compromiso por la paz, como cristianos y como
franciscanos, nos lleva a trabajar incansablemente por eliminar la "violencia
directa", para que brote la libertad, la "violencia estructural",
para que brote la justicia social, y la "violencia cultura¡",
para que brote la armonía que no es sólo "coincidencia
oppositorum",sino un espacio en el que hay lugar para todos, un espacio
de respecto a la diversidad. Sí, nuestro compromiso por la paz
nos lleva a trabajar por implantar contemporáneamente la libertad,
¡ajusticia y la armonía, los tres ingredientes de la paz.
La gran dificultad está en que estos tres ingredientes congenian
mal y unos tienden a invadir el espacio de los otros. La experiencia nos
dice que cuando la justicia lleva la voz cantante, fácilmente sufren
la libertad y la armonía, pensemos en el sistema comunista; y cuando
se desarrolla sólo la libertad, fácilmente sufren la justicia
y la armonía, pensemos en el sistema capitalista.
Esto nos pone delante de una meta que, sabemos desde un principio, nunca
será alcanzada en plenitud. Esta constatación, lejos de
desanimarnos, nos coloca ante un reto que nos exige estar siempre en camino,
siempre en actitud de comenzar, pues mientras nos sentimos llamados a
trabajar sin desfallecer para alcanzarla; ya sabemos que nuestros esfuerzos
nunca alcanzarán los resultados deseados. Es el ya pero todavía
no de toda realidad escatológica, como es la paz. Y mientras estamos
entre el ya y el-todavía no, no podemos olvidar que Dios "nos
ha encomendado el ministerio de la reconciliación" (2Cor 5,
18). Dicho ministerio exige de quien lo ha recibido -y lo hemos recibido
todos los bautizados-, un compromiso en favor de la paz, de la justicia
y de la armonía.
Y mientras trabajamos infatigablemente-por eliminar la violencia directa
y estructural, hemos de trabajar con la misma fuerza por crear una "cultura
de la paz". Esto exige de nosotros:
- Trabajar sin parar en la pacificación de nuestro corazón
y en la reconciliación con la propia historia.
- Organizar programas de educación para la paz en nuestros colegios,
parroquias, en la pastoral juvenil, en los campos de trabajo...
- Sensibilizara la opinión pública hacia el bien de la
paz a través de la predicación, catequesis de jóvenes
y adultos, jornadas de reflexión y de retiro...
- Vivir unas relaciones interpersonales exentas de violencia o competitividad,
particularmente entre nosotros y en nuestro trabajo con los demás.
- Crear instancias de reflexión sobre la paz.
- Apoyar y sustentar las posturas pacifistas, con tal que cuestionen
la violencia estructural y estén dentro de la posibilidad de
lo real.
Pero dado que la paz, como ya dijimos, es inseparable de la justicia
y de la verdad, a nosotros se nos pide que:
- Optemos por una distribución adecuada de los recursos económicos
al interno de nuestras fraternidades, eliminando diferencias escandalosas
entre fraternidades ricas y fraternidades pobres, entre hermanos ricos
y hermanos pobres, de tal modo que "los derechos y la dignidad
humana de todos se vean respetados y garantizados" (Constituciones
Generales OFM = CCGG 96, 3).
- Evitarla acumulación y favorecer la solidaridad concreta con
los pobres.
- Invertir en "fondos éticos", y trabajar por la transparencia
total de nuestras economías "ad intra" y ante la sociedad.
- Apoyar proyectos de desarrollo económico y de ayudas coyunturales
a los menos favorecidos, tanto a nivel nacional como internacional (cf
CCGG 96, 2).
- Instaurar, en comunión con todos los hombres de buena voluntad,
"una sociedad de justicia, de liberación y de paz en Cristo
resucitado" (CCGG 96,2).
- Formar adecuadamente a los pobres, para que éstos "tomen
mayor conciencia de su propia dignidad humana y la protejan y acrecienten"
(CCGG 97,2) y a los ricos , para que devuelvan "todos los bienes
al Señor Dios, presente siempre en los pobres" (CCGG 98,1).
- Anunciarla reconciliación y la conversión a quienes
"amenazan la vida y la libertad" (CCGG 98, 2).
Pero la paz y la justicia van de la mano de la verdad: "Construir
la paz con las obras de la paz es difícil y exige la restauración
de la verdad" (Juan Pablo 11, Mensaje para la Jornada Mundial de
la Paz 1980,3)'. No hay verdadera paz sino se establece sobre la verdad.
Por este motivo a cualquiera que se sienta llamado a ser instrumento de
paz y de justicia se le pide también:
- Sentirse "buscadores" de la verdad, principalmente en los
pobres (cf Lc 10,21), no secuestradores de la misma.
- "Llamar por su nombre a los actos. de violencia -homicidio,
matanzas de hombres y mujeres, tortura- bajo todas sus formas... no
para estigmatizar y condenar a las personas y los pueblos, sino para
ayudar al cambio de actitudes y de mentalidades, y para dar a la paz
su oportunidad" (Juan Pablo 11, Mensaje para la Jornada Mundial
de la Paz 1980,3).
- Anunciar la verdad salvador a que nos ha traído Cristo, "camino,
verdad y vida`'" (Jn 14,6).
- Buscarlo! medios apropiados para una información veraz y ofrecerla
a los demás.
4. A modo de conclusión
Nuestra vida, como toda vida consagrada, es síntesis de fascinación
por Jesús y de compasión por el hombre, lugar de encuentro
entre el camino de Dios y los caminos de los hombres, mestizaje de lo
divino y de lo humano. Es en este ámbito de nuestra vida donde
florecerá nuestro compromiso por la paz y la justicia. Si viniese
a faltar la fascinación por Jesús, nuestra acción
en favor de la paz y de la justicia sería un mero compromiso social
y político. Si faltase la compasión por el hombre -interiorización
en las propias entrañas del dolor ajeno que se convierte en amor
operativo-, sería una "fuga","dar un rodeo"
que nada tiene de evangélico, corno hicieron el sacerdote y el
levita de la parábola. En ambos casos nuestra vida perdería
su dimensión profética más profunda. Llamados a ser
profetas de esperanza en un mundo dominado por la desesperanza, mantengamos
viva la pasión por Dios y la pasión por el hombre. Sólo
así seremos verdaderos instrumentos de paz, justicia y reconciliación.
DECÁLOGO DE ASÍS PARA LA PAZ
El Papa Juan Pablo II convocó el 24 de enero de 2002 a los líderes
de todas las religiones del mundo en lo ciudad de Asís para reflexionar
y rezar juntos por la paz. Al finalizar esta jornada enviaron a todos
los jefes de estado y gobernantes de todos los países del mundo
este decálogo.
1. Nos comprometemos a proclamar nuestra firme convicción de
que la violencia y el terrorismo se oponen al auténtico espíritu
religioso, y, condenando todo recurso a la violencia y a la guerra en
nombre de Dios o de la religión, nos comprometemos a hacer, todo
lo posible por erradicar las causas del terrorismo.
2. Nos comprometemos a educar a las personas en el respeto y la estima
recíprocos, a fin de que se llegue p una convivencia pacífica
y solidaria entre los miembros de etnias, culturas y religiones diversas.
3.Nos comprometemos a promover la cultura del diálogo, para que
aumenten la comprensión y la confianza recíprocas entre
los personas y entre los pueblos, pues estos son las condiciones de una
paz auténtica.
4. Nos comprometemos a defender el derecho de toda persona humana a
vivir, una existencia digna según su identidad cultural y a formar
libremente su propia familia.
5. Nos comprometemos a dialogar* con sinceridad y paciencia, sin considerar
lo que nos diferencia como un muro insuperable, sino, al contrario, reconociendo
que la confrontación con la diversidad de los demás puede
convertirse en ocasión de mayor comprensión recíproca.
6. Nos comprometemos a perdonarnos mutuamente los errores y los prejuicios
del pasado y del presente, y a sostenernos en el esfuerzo común
por vencer el egoísmo y el abuse, el odio y la violencia, y por
aprender del pasado que la paz sin justicia no es verdadera paz.
7. Nos comprometemos a estar al lado,de quienes sufren la miseria y
el abandono, convirtiéndonos en voz de quienes no tienen voz y
trabajando concretamente para superar esas situaciones, con la convicción
de que nadie puede ser feliz solo.
8. Nos comprometemos a hacer nuestro el grito de quienes no se resignan
a la violencia y al mal, y queremos contribuir con todas nuestras fuerzas
a dar a la humanidad de nuestro tiempo una esperanza real de justicia
y de paz.
9. Nos comprometemos a apoyar cualquier iniciativa que promueva la amistad
entre los pueblos, convencidos de que el progreso tecnológico,
cuando falta un entendimiento sólido entre los pueblos, expone
al mundo a riesgos crecientes de destrucción y de muerte.
10. Nos comprometemos a solicitar a los responsables de las naciones
que hagan todo lo posible para que, tanto en el ámbito nacional
como en el internacional, se construya y se consolide un mundo de solidaridad
y de paz fundado en la justicia.
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