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Dios continúa estando hoy en día en el horizonte de la persona. En unos casos es temido, adorado, vivido con gozo; en otros casos es rechazado con vehemencia, si no con violencia; una tercera posición de las personas ante Dios es la indiferencia, tendencia que parece ir consolidándose y adquiriendo más fuerza en nuestras sociedades seculares. Si es cierto que muchos "pasan" de Dios, no menos cierto es que multitud de formas de este pasotismo son expresión de una fácil y cómoda deserción ante los compromisos de la vida. Paradójicamente es ésta la época en la que más se ha hablado del hombre comprometido y en la que nos encontramos con más desertores. El hombre es buscador de Dios, pero también es desertor de Dios. 

Desde este contexto general, presentamos este tema en el que queremos decir una palabra sobre Dios, sobre la experiencia que Francisco tuvo de Dios, y sobre el reto que todo ello supone para nosotros, en cuanto personas y en cuanto educadores.

1.- ¿QUÉ DECIR DE DIOS?

a) Constatamos lo siguiente:

- Que en nombre de Dios se han hecho y se siguen haciendo auténticas barbaridades. Pero, ¿acaso quiere Dios que nos desangremos unos a otros?, ¿no estaremos proyectando en Él nuestros intereses egoístas? Dios no es fruto de una cultura o culturas, sino inspirador de lo mejor de cualquier cultura, y en nuestra cultura occidental, donde Dios, lo religioso parece reducirse a lo privado, si no a la nada, hemos de decir que la retirada de lo divino es el principio del olvido de lo verdaderamente humano.

- Que la fe es un elemento clave para no caer en ese olvido. Fe entendida como experiencia profunda, especie de amores por los que un creyente vive, siente e interpreta la vida y lo que acontece en ella. Cuando se vive en profundidad, da al creyente tal fuerza que no sabe si es la persona quien tiene esa fe o es la fe la que posee a la persona. Porque la fe no es una opción, sino una recepción, una gracia que nos viene y nos envuelve.

b) ¿Qué decir de Dios?:

- Dios es el creador de todo, también del ser humano, por eso es el Bondadoso Señor que ama, sostiene, libera y conduce a toda la creación a su máxima plenitud. De modo que Dios no es aquel que "ha creado" y se desentiende de ésta, dejándola a su libre evolución. Dios es aquel que creó y que sigue implicado en su obra.

- Es el "totalmente Otro", en cuanto distinto de la persona, pero manifestado como Presencia total que tiene lugar en el encuentro, la acogida, el diálogo, dándose mutua reciprocidad de vocación e invocación de llamada y respuesta, de comunión entre Dios y la persona. Y porque es Presencia, su radical alteridad se hace también radical intimidad. Es lo más íntimo de nosotros mismos, por eso, a la hora de relacionarnos con Él, no es necesario "dar saltos desde la fe" para vivir en y desde Dios, porque ya estamos siendo habitados por Él.

- Si a Dios "lo hallamos" en el centro profundo personal, a su vez también lo descubrimos en la vida, porque la vida es el gran horizonte de Dios. De hecho, Dios jamás se retira del mundo y del hombre, ya que es su compañero de viaje y el gran animador de la aventura humana y mundana. Y esto es así porque la gloria de Dios no consiste en otra cosa que en la vida y la felicidad del hombre.

2.- Y, ¿QUIÉN FUE DIOS PARA FRANCISCO?

Si bien Francisco era alegre y estuvo dotado de un talante jovial y festivo excepcional, él estuvo muy convencido de que eso era un don divino, y, por consiguiente, había que respetarlo, vivirlo y transmitirlo. Muchos autores han puesto de manifiesto esta dimensión de su persona, llegando a afirmarse que "toda la vida del santo está llena de elementos y gestos lúdicos, y ello constituye su aspecto más bello y su gran fascinación" (Huizinga).

Esta alegría es desbordante cuando percibe la llamada de Dios y se convierte al evangelio, de modo que canta, baila, salta... como expresión de esa experiencia de Dios. Y es que Dios no es para Francisco lo triste o negativo de la vida, sino, al contrario, la más segura afirmación humana, la posibilidad de la persona, el camino más acertado de la propia realización personal. Dios es para Francisco una fiesta, un gozo, una celebración. Por eso, Francisco se convirtió en el "juglar de Dios", el que siempre estaba dispuesto a cantar una nueva canción porque todo en su interior estaba lleno de musicalidad.

Este Dios a quien Francisco contempla como Señor y Padre es quien se constituye en centro de su vida. Es un Padre cuyo amor, bondad y misericordia son infinitas, algo que descubre en su vida y todos los acontecimientos que le rodean; es Aquel de quien procede todo bien, el único digno de ser deseado, porque en Él está el placer que, lejos de encerrar a la persona sobre sí y sus intereses, la abre y la lleva a gozar sin medida en comunión con todo el mundo y toda la creación.
Y es que Francisco, todo cuanto vive lo siente como dado totalmente gratis, por eso, al recibirlo todo con la sencillez, intensidad y alegría de un niño cuando le es entregado un regalo, así él, en primer lugar, reconoce la fuente de donde le viene todo, y se lo devuelve con su oración de agradecimiento y con su vida de entrega a los hermanos y a los más desfavorecidos de su época.
Este talante festivo y lúdico brotaba en Francisco, en efecto, del convencimiento de que todo es gratuito. Al no exigir nada de nadie ni de nada, pudo disfrutar de todo y de todos. Y es que cuando la vida se recibe como don, la existencia humana puede cantar una canción distinta de la que conocemos, lo cual se logrará cuando la persona tome en serio el educarse para la vida, que es la realidad más seria y en donde pueden jugarse los más bellos juegos.

Lugar privilegiado donde podemos encontrar a Francisco y sus hermanos testimoniando los comportamientos más entrañables, humanos y contagiosamente alegres es en "Las Florecillas", quizá "la única obra maestra de la literatura universal totalmente exenta de amargura y que representa al hombre disfrutando realmente de la felicidad" (O. Englebert). Ahí se descubre el franciscanismo cotidiano vivido en el gesto, la palabra, la irrelevancia de la sublime sencillez de quien vive lo extraordinario de lo ordinario de la vida de cada día. Su humanismo optimista y sin acento amargo hace de este libro el paradigma del elemento festivo y lúdico de la vida de los primeros hermanos, expresión de esa experiencia radical del amor, la misericordia, el perdón y la paz de Dios.

La conclusión a la que llegamos es que todo franciscano es en verdad un hombre lúdico, porque el juego forma parte de su vida, o, si se prefiere, vive la vida jugando los más bellos juegos y a través del juego actualiza y representa el amor derramado en la historia en Jesucristo, y se acerca a los hombres con la gracia que impone la seriedad del juego. En el mundo franciscano la alegría pascual, la risa y la sonrisa profundamente humanas brotan de una experiencia singular; y su talante jocoso y festivo remite a la esperanza de Dios, por la cual sabe ver el más acá con la luz del más allá.

3.- TODO LO EXPUESTO, ¿QUÉ RETOS PLANTEA AL FRANCISCANO DE HOY EN DÍA?

El espíritu festivo y lúdico parece resentirse desde estos dos últimos siglos. La industrialización, el mecanicismo, el positivismo y las grandes corrientes del pensamiento del siglo XX no han favorecido en nada el espíritu festivo en la vida social. En general, padecemos la enfermedad de la seriedad, la falta de imaginación y una permanente insatisfacción.

Frente a esta situación de enfermedad generalizada en las sociedades industriales posmodernas, tanto la vida y el pensamiento franciscano se presentan como una alternativa penetrada de una radiante alegría, como expresión gozosa de la experiencia optimista que tiene de Dios, de la persona y del mundo. La alegría franciscana es expresión espontánea de su talante festivo, pero tiene su fundamento y justificación en la trascendencia, en Dios, como fuente gozosa y destino anhelado. El franciscano da mucho espacio a la contemplación y a la celebración, porque tiene vivo sentido y experiencia personal de que la Pascua es misterio, no simplemente para ser creído desde el frío asentimiento como una verdad más, sino para ser vivido desde el horizonte histórico de la propia liberación y del gozo de sentirse ya salvado.

El franciscano, y por ende, todos los proyectos que estén vinculados a él, tiene ante sí la complicada y apasionante tarea de rejuvenecer de alegría a la cristiandad y al mundo secular, porque una religión comienza a transmitir espíritu y a contagiar simpatía cuando es capaz de comunicar profunda y sana alegría. En cambio, se hará insoportable y aburrida en el momento que ha tenido la desgracia de perder o abandonar la alegría, pues no hay nada más odioso e insoportable que un Dios triste.

Frecuentemente en la religión se ha llegado a identificar la seriedad impenetrable con la trascendencia, despojando de ese modo a Dios de su propia verdad, que es vida, luminosidad, plenitud y alegría. El franciscanismo vivido según el talante de Francisco, ese loco que Dios envió al mundo, puede aportar a nuestra cristiandad y a nuestro mundo un nuevo canto, una nueva danza, una nueva forma de celebrar la vida. Así, el hombre habrá descubierto en la religión lo que verdaderamente es: una existencia gratuita con vocación de plenitud. De este convencimiento nacerá el nuevo hombre y la nueva mujer que tanto necesitamos.

Resumen de JOSÉ ANTONIO MERINO, Manifiesto franciscano para un futuro mejor, Paulinas, Madrid 1985, pp.31-54.
Para ampliar: 
- CASAS, VICTORIANO; La experiencia fundante de Francisco de Asís y sus hermanos, Selecciones de Franciscanismo 54 (1989) 429-444.
- MATHIEU, LUC; Dios Padre en la experiencia cristiana de Francisco de Asís, Selecciones de Franciscanismo 52 (1989) 55-60.
- MATURA, TADEO; En oración con Francisco de Asís, Aránzazu, Oñati 1995.
- Idem, Francisco de Asís, maestro de vida espiritual según sus escritos, Aránzazu, Oñati 2002.

EL HOMBRE QUE PAGÓ OCHO VACAS POR SU MUJER

Johnny Lingo no era exactamente su nombre, pero así le llamaba Shenkin, el administrador de la casa de huéspedes de Kiniwata, isla del pacífico. Shenkin era oriundo de Chicago, y acostumbraba americanizar los nombres de los isleños. A Johnny lo mencionaba mucha gente, a propósito de muchas cosas. Si deseaba yo pasar algunos días en la cercana isla de Nurabandi, Johnny Lingo me daría alojamiento. Si mi capricho era pescar, Johnny Lingo me conduciría donde abundaran los peces. Todos los habitantes de Kiniwata se referían a Johnny Lingo de forma encomiástica, y no obstante, al hacerlo sonreían de una manera un tanto burlona.

- Que Johnny Lingo le ayude a encontrar lo que usted quiere, me recomendó Shenkin.
- Y que él se encargue de regatear. Johnny sabe hacerlo muy bien.
- ¡Ja! ¡Johnny Lingo!, Exclamó un mozalbete que estaba cerca de nosotros y soltó la carcajada.
- ¿De qué se trata?, inquirí. Todo mundo dice que vaya con Johnny Lingo y luego se muere de la risa.
- ¿Cuál es el chiste?
- ¡Bah! A la gente le gusta reírse, repuso Shenkin, encogiéndose de hombros. Johnny es el joven más fuerte y avispado de las islas. Además, considerando su edad, es el hombre más rico.
- Pero si es como dice, ¿de qué se ríen todos?
- De un pequeño detalle: hace cinco meses, cuando celebrábamos el festival de otoño, Johnny Lingo estuvo aquí y pidió la mano de una muchacha. ¡Pero le pagó al padre de ella nada menos que ocho vacas!
Ya conocía yo bastante las costumbres de las islas para que la noticia me impresionara. Con dos o tres vacas podía comprarse una esposa pasadera, y con cuatro o cinco, una muy satisfactoria.
- ¡Caramba! Exclamé, ¡Ocho vacas! Esa chica debe ser una beldad como para dejar pasmado a cualquiera.
- No es fea, concedió Shenkin, con una leve sonrisa. Pero el más bondadoso de los hombres sólo podría decir de ella que es ordinaria. Sam Karú, su padre, temía que se le fuera a quedar para siempre en casa.
- ¿Y recibió ocho vacas por ella? Es extraordinario ¿no?
- Aquí no se había pagado tanto por una mujer.
- Pero dice usted que la mujer de Johnny es ordinaria.
- Dije que sería bondadoso describirla así. La pobre era flaca; andaba siempre con los hombros encogidos y la cabeza agachada. Parecía que su propia sombra la espantaba.
- ¡Vaya pues!, el amor es ciego, comenté.
- Así es, convino Shenkin, - y allí tiene usted por qué los isleños se ríen al hablar de Johnny. Les regocija que el viejo Sam Karú le haya sacado ventaja al traficante más listo de las islas.
- Pero ¿cómo pudo suceder eso?
- Nadie lo sabe, y todo el mundo se lo pregunta. Sus primos apremiaban a Sam para que pidiera tres vacas por Sarita y se negara a aceptar menos de dos, hasta que Johnny le diera una. Y así las cosas, Johnny se le presentó y le dijo: "Señor padre de Sarita, le ofrezco ocho vacas a cambio de su hija".
- ¡Ocho vacas! Murmuré. Me gustaría conocer a ese Johnny Lingo.
Yo quería pescar y hacerme de algunas perlas. Así pues, a la tarde siguiente salté de mi barquilla en la playa de Nurabandi. Observé que cuando preguntaba cómo llegar a la vivienda de Johnny, su nombre no hacía asomar a los labios de sus coterráneos ninguna sonrisa maliciosa. Y cuando conocí a aquel joven delgado, serio, que amablemente me invitó a pasar a su casa, me complació ver que su gente lo trataba con respeto ajeno a toda ironía. Nos instalamos en su vivienda, y charlamos un rato. Johnny me preguntó:
- ¿Viene usted de Kiniwata?
- Así es.
- ¿Hablan de mí en la isla?
- Me han dicho que usted puede ayudarme a conseguir cualquier cosa que yo desee. Johnny sonrió y continuó:
- Mi esposa es de Kiniwata.
- Sí, ya lo sé.
- ¿Hablan de ella?
- Un poco.
- ¿Qué dicen?
- Pues nada. La pregunta me descontroló. - Que se casaron el día del festival.
- ¿Nada más? La curvatura de sus cejas me indicó que él bien sabía que me habían comentado algo más.
- Dicen también que el convenio matrimonial se celebró mediante el pago de ocho vacas. - Hice una pausa. Y se preguntan por qué.
- Ah ¿sí? Los ojos de Johnny Lingo chispearon de placer.
- ¿Toda la gente en Kiniwata sabe lo de las ocho vacas? Asentí con la cabeza.
- Y también en Nurabandi lo saben todos. Declaró Johnny Lingo, el pecho rebosante de satisfacción. 
- En lo sucesivo, cuando se hable de convenios matrimoniales, siempre se recordará que Johnny Lingo pagó ocho vacas por Sarita.
¡Ah! Pensé. He aquí la explicación: Vanidad.
Entonces la vi. Entró en la habitación y puso sobre la mesa unas flores. Se quedó quieta un momento, le sonrió al joven que estaba junto a mí, y se fue enseguida, ligera. Era la mujer más hermosa que yo haya visto jamás. Sus hombros airosos, su mentón erguido, sus ojos fulgurantes: todo expresaba orgullo al cual tenía derecho indiscutible.
Me movía hacia Johnny Lingo y noté que me estaba observando.
- ¿La admira usted? Susurró.
- Sí es glorioso. Pero no es Sarita la de Kiniwata.
- Solo hay una Sarita. Aunque tal vez su aspecto no es el que dicen en Kiniwata que tenía.
- No por cierto. Allá aseguran que no es bonita, y se ríen de que se haya usted dejado timar por Sam Karú.
- ¿Cree usted que ocho vacas hayan sido demasiado? Me preguntó con una leve sonrisa.
- No, yo no. Pero ¿cómo es posible que Sarita sea tan diferente?
- ¿No ha pensado usted nunca - inquirió Johnny -, en lo que significa para una mujer saber que su marido pagó por ella el precio más bajo? Cuando las mujeres charlan, se jactan de lo que su esposo dio por ellas. Una cuenta que fueron cuatro vacas; otra que seis. ¿Cómo se sentirá la que fue entregada por uno o dos animales? Yo no quería que esto le pasara a mi Sarita.
- ¿Lo hizo usted, entonces, para que su mujer se sintiera feliz?
- Sí, quería hacerla feliz. Pero fue algo más que eso. Dice usted que se ve diferente; pues lo es, en verdad. Son muchas las cosas que pueden transformar a una mujer. Algunas ocurren en su interior; otras en su mundo circundante. Pero lo que más importa es lo que ella piensa de sí misma. En Kiniwata, Sarita creía que no valía nada; ahora, sabe que vale más que cualquiera otra mujer del archipiélago.
- Así pues, Johnny Lingo, lo que usted deseaba.
- Lo que yo deseaba era casarme con Sarita. La amaba entre todas las mujeres.
- Pero. - estaba empezando a comprender.
- Pero, concluyó Johnny Lingo reposadamente, deseaba tener una mujer que valiera ocho vacas.

Para el diálogo

Sobre la reflexión:

- En nuestra visión y análisis de la realidad, ¿percibimos que el mundo está necesitado de alegría auténtica? ¿podríamos enumerar las causas por las que la gente de nuestros ambientes o de nuestro colegio no sonríe y no vive más alegre de lo que esa realidad nos hace ver?

- ¿Qué imagen de Dios estamos transmitiendo a nuestros alumnos con nuestras actitudes, palabras, hechos, actividades pastorales? ¿les lleva efectivamente a vivir la vida como canto, esperanza...?

- ¿Qué iniciativas habría que adoptar, en el caso de que se considere oportuno, para revitalizar el sentido lúdico, alegre, festivo, en nuestro colegio?

Sobre el cuento:

- ¿Cuántas vacas habría que contabilizar en el precio que Dios a pagado por cada uno de nosotros en Jesucristo?

- ¿Nuestra vitalidad, alegría, positividad refleja ese precio?