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...que aporta una manera
peculiar de entender, vivir y relacionarse con la vida. 1. Apuntes filosóficos sobre el hombre de hoyLa vida como gracia o desgraciaSe nos ha concedido la gracia de ser personas y se nos ha otorgado el permiso de forjar un mundo nuevo. Pero lo que es gracia puede convertirse en desgracia; y lo que es un permiso generoso puede reducirse a tarea absurda. El hombre, como protagonista privilegiado de la historia, tiene la capacidad de crear o destruir, hacer o deshacer la vida que le ha tocado en suerte. Este es su noble y trágico destino al mismo tiempo. Al hombre que viene a la vida se le enseña un oficio, una carrera, unas costumbres convencionales, pero no se le enseña a habitar en el mundo. Protagonista, el hombreEl hombre ha tenido muchos halagadores y no menos detractores. Fácilmente se pasa de las alabanzas del superhombre a los lamentos del infrahombre. Después de una historia de encantos y desencantos puede decirse que el héroe de nuestro tiempo no es el hombre ilustrado, ni el esclavo activo hegeliano, ni el superhombre de Nietzsche, ni Prometeo robando el fuego, sino el hombre concreto de carne y hueso, en lo que tiene de grandeza y pequeñez. Si el hombre lleva en sí el germen de la destrucción, del terror y de la peste, también lleva el germen de la bondad, de la compasión, de la ternura y del heroísmo. Más allá del heroísmo de la razón, de las seguridades de la ciencia y de los resultados de laboratorio debe estar el heroísmo de ser hombre total, que supere el materialismo, el escepticismo, el derrotismo y las múltiples degradaciones que le acechan. En esta época que proclama el ocaso de las ideologías y de todos los grandes sistemas filosóficos y sociales necesitamos gran lucidez mental y control temperamental para descubrir y vivir el prodigio de la propia vida.
San Francisco. El Greco 2. Las siete categorías existenciales vividas y propuestas por Francisco de Asís.a) La simpatía hacia todoVivir la vida como tarea y como misión fue uno de los grandes valores de Francisco de Asís. Su conjunción de lo vivido, lo sentido y lo pensado creó un tipo de persona salvada, una forma peculiar de estar en el mundo y un camino excepcional para encontrarse con el otro y poder construir una nueva sociedad basada en la simpatía, el respeto y la entrañable acogida. Francisco fue el alma del movimiento franciscano que nace, se potencia y madura desde una experiencia vivida y compartida. Originariamente es vivencia y luego se convierte en convivencia. Su sabiduría consiste en la especialización de la vida, en el arte de saber vivir, sentir, amar, interpretar, convivir, trabajar y morir. El espíritu abierto y fraternal del franciscanismo se caracteriza por una simpatía a todo lo humano y por un gran respeto a todas las formas de pensar y vivir. Su gran sentimiento de fraternidad universal le llevó a colocarse no frente a la realidad ni frente a la vida, sino en la realidad y en la vida, pues está convencido que sólo amando esa realidad y esa vida se puede llegar hasta la profundidad de ambas y del misterio que las envuelve. b) La Presencia que lo inunda todoPara el franciscanismo, al principio, no fue ni la Noche, ni el Caos, ni la Fuerza, ni la Luz, ni la Acción. Fue la Presencia, que crea nuevas presencias y traba relación con ellas. Francisco, hombre con gran sentido de lo concreto y de lo inmediato, siempre se sentía presente ante alguien o algo: presente ante Dios, a quien veía en todos los seres y acontecimientos; presente ante la Iglesia, en la que siempre quiso vivir; presente ante los hombres, a los que atendía con sencillez, sinceridad y cordialidad; presente ante la fraternidad, que tan intensamente amaba y a la que servía de modelo; presente ante todos los animales y cosas, que tanto respetaba y les daba el dulce nombre de hermanos y hermanas; presente ante los acontecimientos cotidianos, en los que veía algo más que puro acontecer. Para él todo tiene su propio valor y sentido. Y ante todos ellos se presentaba con delicada atención, respeto adecuado y cortesía. Cada persona tiene su propio rostro y su específica personalidad, cada animal su propia misión, cada cosa su propia significación y cada circunstancia su propio valor, ya que todo es gracia. Ante la actitud de muchos de nuestros contemporáneos, que no han superado su visión de masa, de anonimato generalizado y de despersonalización no sólo de los seres irracionales, sino también de las personas, el mensaje de Francisco puede ser revolucionario en el trato con todos los seres, ya que la presencia en él se traducía en comunicación y participación afectiva y efectiva con Dios, con los hombres y con los seres de la naturaleza. El hombre no es rival de los hombres y de los seres de la naturaleza, sino un componente entrañable entre todos ellos, con los que constituye la gran camaradería universal.
c) La relación como base de la identidad personalDesde esa Presencia que le sostiene se siente en permanente relación dinámica con Dios, con los hermanos, con los demás hombres, con los seres irracionales y con la misma vida. La categoría "relación" es fundamental en la vida y en el pensamiento franciscanos. Para san Buenaventura y Duns Escoto la relación es un constitutivo esencial de la persona que se manifiesta como apertura al otro y siente el reclamo de encontrarse con los demás. La persona humana se define como ser para otro. San Buenaventura usa una bella imagen para esclarecer este aspecto relacional del hombre diciendo que la persona "es un sonido", que posee su propia tonalidad y resonancia y que "suena por sí misma" al mismo tiempo que percibe el tono de los demás. Esta relación es más afectiva que mental, más existencial que categorial, más vivencial que conceptual. El hombre no sólo se comunica a través de la palabra, sino también a través de todo su cuerpo, ya que es un ser penetrado de sonido que al mismo tiempo resuena. Somos un sonido polarizado, orientado y referido al tú, a los otros y al Otro. Pero no sólo resonamos, sino que al mismo tiempo podemos percibir el sonar del tú, de los otros y de Dios. El hombre es a la vez autosonancia, resonancia y consonancia. Sólo partiendo de la fuerza vinculante del amor se destruirá la fuerza disgregadora del odio y sus consecuencias. Esta relación vital y dinámica puede curar la insolidaridad; la incomunicabilidad, los egoísmos y las distancias irritantes de tantos hermanos y hermanas, que por falta de ternura y cercanía han hecho de su vida un infierno cerrado y asfixiante. Es una actitud humanamente fundamental, ¿cuántas heridas se curarían si diésemos con la sabiduría de poner en práctica esta actitud?. d) La confianzaEn el interior de Francisco brota una bondad originaria y en su corazón siempre había espacio para todo lo mundano, humano y divino. No había en su pensamiento ni en su comportamiento una actitud sospechosa, sino confiada; unos prejuicios deformantes, sino una comunicación directa; una actitud de segundas intenciones, sino una credibilidad bien intencionada; ni agresividad y pesimismo viscerales, sino una amabilidad connatural y una bondad compartida. Con fina sensibilidad acoge a todos y no desprecia a nada ni a nadie. De ninguno sospecha mal ni huye de nada. Ama entrañablemente a todos los hombres y a los demás seres de la creación. Se arrebata de gozo ante una flor, se emociona ante un paisaje, canta con los pájaros y se conmueve ante las alegrías y las lágrimas de los hombres. Supo armonizar de modo sublime la santidad y la poesía. Y porque depositó su confianza en todos, todos confiaban en él. Así el mundo se humanizó y el hombre se naturalizó. e) El encuentroEn el Poverello, lo humano, lo mundano y lo divino consumaron el gran encuentro. Toda su biografía es la expresión de una inquietud permanente de búsqueda. Buscaba para encontrar, y encontrando seguía nuevamente buscando para actuar siempre acertando. Su profunda experiencia humana se va ensanchando y profundizando de forma gradual y progresiva gracias a los muchos encuentros que le abren nuevos horizontes y le invitan a ir siempre más allá, a la búsqueda de un infinito anhelado y sentido, pero aún no alcanzado. Esta tensión de avanzar más allá da a la biografía de Francisco un dinamismo y una sorpresa desconcertantes que hacen que su vida se presente llena de belleza, de poesía, de cortesía, de humanidad y de ilimitadas posibilidades. La vida del hombre está jalonada de encuentros: encuentro con uno mismo, encuentro con una persona amada, encuentro con un amigo, con un libro, con el otro sexo, con nuevas circunstancias, etc. Y todo encuentro, cuando es profundo, siempre es "afectante", en palabras de Laín Entralgo. Toda la vida de Francisco está llena de encuentros, que él consideró como gracias. En su Testamento repite como si de un estribillo se tratase: "El Señor me ha dado". Y por eso se convirtió en un dador de gracias, que es la forma suprema de reconocimiento y gratitud. f) La acogidaTodo encuentro sincero supone una acogida. Francisco no sólo acogía a Dios con increíble gozo exultante y gratitud, sino que acogía a todos los hombres, incluso aquellos que socialmente son los más rechazables. Acoge a los socialmente enfermos, a los ladrones, a los salteadores de caminos, a los leprosos, a los pobres, a los poderosos, a los irrelevantes y a los revestidos de poder. Acoge a la creación entera no simplemente con sentimiento poético, sino con amistad entrañable y fraternal. Si cada uno es movido por su propia pasión, la pasión de Francisco le llevaba hacia sus grandes amores: Dios, el gran Amor; el hombre, el gran hermano (no confundir con el bodrio televisivo), y todos los demás seres, compañeros entrañables de un mismo destino. Amó a todos y a todo, pero especialmente a aquellos que producen disgusto a los demás y a aquellos que no tienen espacio en la sociedad. Francisco estuvo allí en donde casi nadie quiere estar: reparando una iglesita derrumbada, asistiendo a los leprosos, viviendo con y como pobres, identificándose con los últimos. El mundo franciscano dista mucho del mundo kafkiano, en donde cada uno sólo puede contar consigo mismo y situado frente a puertas y ventanas sospechosas, a muchas escaleras y a interminables pasillos que indican a una marcha incesante, a ver siempre rostros desconocidos e interpelantes y a una prolongación de la propia vida sin garantía y sin destino. El hombre kafkiano, con el cual tenemos hoy tal vez bastante parecido, es un forastero permanente y un extranjero en medio de tantas miradas indagadoras y molestas. La sensibilidad y acogida franciscanas pueden transformar el universo de recelo, de sospecha y de incomunicabilidad en un universo de cercanía, de amabilidad y de camaradería.
g) La miradaLa mirada es muy importante en el universo franciscano, como una actitud peculiar ante la vida. "Fijando el Señor su mirada en él" cuando tenía veinticinco años, como narra Tomás de Celano (su primer biógrafo), transformó toda su vida anterior, movida por los impulsos más vitales e inmediatos de diversión y de triunfo. El joven de Asís, profundamente vital, orientó en otra dirección toda su vitalidad, pero no mató nada de su vida. Mientras ordenaba sus ideas, clarificaba sus sentimientos, purificaba su corazón, orientaba su conducta y se definía socialmente, iba cambiando incluso la raíz de su mirada, porque en su interior se sentía mirado por Dios. En la escuela franciscana, el concepto de mirada es muy importante como consecuencia de su teoría de la luz. El hombre en su interior goza de una iluminación especial porque ha sido mirado por Dios. San Buenaventura dice que el hombre desde toda la eternidad ha sido escogido con mirada electiva de Dios, con una mirada de complacencia y que constituye la primera relación existencial entre Dios y el hombre, que se deberá ir acrecentando y potenciando a lo largo de la vida. El hombre desde que Dios se fijó en él se convirtió en persona con rostro concreto e irrepetible, y en su interior se oculta una mirada infinita. También para Escoto el hombre es el resultado del amor infinito de Dios trino, que se fijó con amor insondable en él y le hizo a su imagen y semejanza. Esta mirada amorosa de Dios anida profundamente en el ser humano y hace que el hombre pueda y sepa también mirar y, sobre todo, ver. La mirada en la relación interpersonal es sumamente interesante a tener en cuenta. Existe la mirada indiferente que jamás ve nada, la mirada objetivante que sólo ve resistencias, la mirada inquisitorial que sólo ve que adversarios, la mirada recelosa que sólo ve peligros, la mirada posesiva que sólo ve objetos, la mirada acogedora que se abre al otro, la mirada comunicativa que se vincula al otro y la mirada amorosa que se entrega la otro. El Hermano de Asís huyó y se liberó de todo tipo de exhibicionismo; pero él supo mirar y logró ver al otro, al hermano, al que jamás expuso al ridículo, a la vergüenza, a la farsa, a la ironía, a la cólera o a la risa destructiva. "Con amor ardiente y celo fervoroso", como escribe Tomás de Celano, ha sabido mirar en profundidad al otro. Cuando la pupila de nuestro espíritu está limpia, estamos preparados para percibir el gran espectáculo del universo. Pues el que sabe mirar puede admirar, es capaz de sorprenderse y de descubrir, de entusiasmarse y de participar. Así se superará la indiferencia ante la naturaleza, la apatía ante la vida, la monotonía de lo cotidiano, el aburrimiento y la soledad deshumanizante. Entonces comenzaremos a ser felices habitantes de nuestro mundo. 3. La consecuencia de la visión del hombre en FranciscoEl hermanamiento universalLa consecuencia de todas las notas anteriores es un comportamiento fraternal humanizante. La actitud fraternal de Francisco no se debe a que en su vida no se haya topado con resistencias, sino a que supo superar todo tipo de resistencias y de opacidades por el convencimiento profundo de que Dios está en todo y de que todos y todo participamos de un mismo origen y de un mismo destino. Su relación con los hombres crea una dimensión fraternal, de paz, de promoción, de preocupación y de liberación. Su relación con la naturaleza le lleva a una fraternización cósmica, a una cortesía con las cosas, a una cultura del ahorro. Su relación con la historia engendra una gran atención al instante presente, promueve la creatividad, el gran respeto por los valores estéticos y el esfuerzo por una cultura del amor, de la libertad y de la promoción humanas. El santo de Asís transmitió a los suyos su innata simpatía por todo lo humano y natural. Por eso no va con el temperamento y el talante franciscanos ser aguafiestas, demoledores, negativos y hostiles sistemáticos. El pasaporte franciscano para ir libre por el mundo es su incontenible simpatía, su buen humor, su sentido vivido de la fraternidad universal y su misma persona como mensajera de paz y de reconciliación humana.
La nueva existenciaSi el problema actual consiste en aprender a existir y a habitar, como sostiene M. Heidegger, entonces habrá que buscar y encontrar aquellas formas más adecuadas y completas para que el hombre logre plenamente su propia existencia y pueda habitar en un mundo más humanizado y más hogareño. Francisco puede ofrecer al mundo de hoy un nuevo aire, un nuevo estilo, un rejuvenecimiento y una nueva forma de habitar. Es urgente que nos revistamos de gran respeto por todo lo real, por irrelevante que aparezca, pues desde las formas más simples hasta las más complejas, desde los seres más insignificantes hasta los más encumbrados y mayestáticos, son dignos de nuestra atención y respeto. El hombre franciscano trata de conocer al otro, a los otros y al gran Otro porque ya de antemano los ama; y puesto que los ama, los respeta, y puesto que los respeta, los admira, y porque los admira, se sorprende de las maravillas inéditas que irrumpen en nuestra vida cotidiana. Por eso no necesita inventar un sentido, sino que descubre el sentido en la ingenuidad de una vida profundamente vivida y sinceramente compartida. Aunque hayamos traicionado mil veces el carisma de Francisco, siempre estamos a tiempo para nuevos comienzos y para crear futuro. Sólo el que dice ¡basta! a la vida ha envejecido irremediablemente. Sólo una vida en tensión crea un hombre nuevo. Al hombre que le falta la pasión por la vida podemos apuntarle en la lista de los irrecuperables. Cuando nuestra existencia se transforme en permanente búsqueda de posibilidades y en constante despedida de las cosas, entonces podremos decir que hacemos perfecta nuestra conjunción entre un presente creador y un futuro en parte, si no creado, sí condicionado.
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