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Muchos pueden pensar si el franciscanismo tiene algo que ver con la cultura y con los estudios, cuando frecuentemente se tiene una imagen estereotipada de Francisco de Asís como hombre ignorante, simple e inculto, y de los franciscanos como frailes cercanos al pueblo, sencillos, tal vez toscos, pero bastante distanciados del mundo de la cultura, que correspondería a otras órdenes religiosas y a otros sectores de la sociedad. Incluso dentro de la Orden misma se ha dado cierta prevención y resistencia contra los estudios. Sin embargo, cuando analizamos el recorrido histórico del franciscanismo nos encontramos con grandes personalidades y pensadores de primera magnitud que han sabido ofrecer al mundo de la cultura formidables sistemas de pensamiento, profundas síntesis filosófico-teológicas de reflexión y de vida, de teoría y de práctica, de humanidad y de mística. Quizá uno de los momentos más paradójicos y curiosos que encontramos en la historia de la cultura es la sorprendente y desconcertante conjunción entre Francisco de Asís y la misma cultura. No se explica fácilmente cómo este santo cristiano, considerado como inculto, ignorante e idiota (en el sentido de no saber) haya tenido un influjo tan grande en la historia de la cultura occidental y una fascinación en las culturas no occidentales. Francisco fue un creador de cultura, no distribuidor ni consumidor de cultura. Estaba muy lejos de la avidez libresca, pero era hombre de profunda y prolongada reflexión y estudio personalizado. No estudió en los libros, sino en las fuentes que originan los libros y que inspiran tantos volúmenes de biblioteca. El Pobrecillo ha contribuido, con su estilo de vida, a crear una forma de ser y de vivir con no pocas repercusiones en la cultura occidental. Repercusiones del pensamiento franciscano en la culturaPara San Buenaventura toda la realidad creada constituye una grandiosa síntesis ontológica que expresa la presencia de su creador. El mundo, el hombre y Dios no son realidades antagónicas ni seres separados ni rivales, sino que constituyen armonía en el orden del ser, del conocer y del vivir. Esa armonía sólo se resiente cuando la voluntad del hombre, a través de su libertad, altera lo establecido ontológicamente. La experiencia vivida bonaventuriana se ha transformado en una cultura característica del ver, del escuchar, del participar, del trascender y del comunicar. Roger Bacon es un franciscano muy típico que aplicó su inteligencia aguda y amante a ver, analizar y experimentar la naturaleza y los seres que hay en ella. No se limita a ser un secretario de la cultura de su tiempo, no hizo un frío inventario de los bienes y de los males que padecían la sociedad y la Iglesia de su época. Fue un genio creador que ofreció posibles soluciones allí donde creyó encontrar limitaciones, desviaciones o malformaciones religiosas, sociales y culturales. Su Opus Maius, Opus Minus y Opus tertium son reiteraciones de una misma preocupación: ofrecer una lectura científica, filosófica y teológica más armónica, unitaria e interdisciplinar de los diversos campos de la realidad y del saber. Su Carta a Clemente IV es un grandioso proyecto por llegar al saber enciclopédico de toda la cultura de su tiempo. Él creía sinceramente en la fuerza de la inteligencia humilde, y que a través del estudio se podía llegar a una reforma de la Iglesia, a un saneamiento de la sociedad y a una mejor fundamentación del saber. Él proyecto una gran enciclopedia, en la que el árbol del saber estuviera perfectamente integrado en una estructura ción vital, armónica e interdependiente. El saber práctico domina totalmente el pensamiento baconiano; por eso la filosofía moral es el fin de las demás partes del saber. La sabiduría, pues, no es pura ciencia, sino virtud intelectual con necesarias incidencias prácticas. El hombre debe saber para poder vivir mejor en conformidad con su estado. Aquí se ve cómo la dimensión práctica de San Francisco queda perfectamente recogida en la concepción intelectual de este pensador original. Juan Duns Scoto comprendió perfectamente el gran problema universitario de su tiempo, es decir, la relación entre filosofía y teología, la razón y la fe. Vio la naturaleza con ojo franciscano y si en el campo de la filosofía supo ofrecer una visión de la metafísica de gran originalidad, en el campo de la teología logró ofrecer una visión arquitectónica desde la perspectiva integradora del cristocentrismo. Escoto hace filosofía y teología desde el interior de una experiencia concreta, que se llama experiencia franciscana. El pensamiento escotista es esencialmente concéntrico y gira en torno a centros nucleares para luego, desde allí, poder ver la realidad en plenitud de perspectivas. Esos centros nucleares son Dios, Cristo, el hombre y el mundo. Escoto describe el universo en forma piramidal, donde tanto el orden lógico como el ontológico se escalonan gradualmente partiendo de lo inferior hasta llegar a lo superior, siendo el hombre no sólo la conjunción de la naturaleza sensible con la naturaleza inteligible, sino también el compendio de toda la creación que, por medio de él, se eleva a Dios por la fuerza actuante del Verbo encarnado. Guillermo de Ockham es un pensador bisagra entre dos culturas limítrofes en el tiempo, pero distantes en sus intenciones y en sus propósitos. Se percató de que los planteamientos filosófico-teológicos anteriores ya no valían como solución adecuada a los nuevos desafíos culturales, sociales y políticos. Y así emprendió un nuevo camino, no con voluntad demoledora sino con voluntad decisiva, para ofrecer una respuesta cultural que él creía más acertada y más válida para los hombres de su tiempo. ¿Qué puede aportar lo franciscano a una cultura de la paz?Vivimos en una sociedad de clara y abierta competitividad en el poder, saber y tener; y en la que se manifiesta la rivalidad, la agresividad y la violencia. La violencia practicada en forma de agresión bestial o en forma culta y elegante. La violencia se reviste de mil formas: culturales, políticas, ideológicas, religiosas, económicas, propagandísticas, jurídicas, pedagógicas, etc. Se hiere no sólo con las armas, sino también con las palabras mortificantes, con gestos desacralizantes, con formas inciviles, con pretensiones arrogantes. Se atacan los derechos más elementales (vida, trabajo, casa, alimento, familia), como igualmente el respeto, el pudor, la propia sensibilidad, la intimidad y los sentimientos más profundos. Nos hemos habituado de tal modo a la violencia, sobre todo a las violencias menudas de la cotidianeidad, que ya la interpretamos como la factura que tenemos que pagar por nuestro puesto en la sociedad democratizada. Ante esta situación de violencia, se pueden seguir unos caminos que contribuyan a una cultura de la paz desde el punto de vista franciscano: 1. Reconocimiento de la dignidad humana. Para lograr una sociedad habitable es necesario reconocer la dignidad de la persona en cuanto es imagen de Dios y, por tanto, no reducible a objeto. Sólo una idea elevada del hombre crea sociedades adultas y verdaderamente libres. La persona humana es estructuralmente relacional y tiene vocación de comunidad, pues ha sido hecha a imagen del misterio trinitario. Las normas que deben imperar en nuestra sociedad, que es comunidad, deben ser el respeto como método, la cortesía como estilo y la caridad como norma. 2. Corregir nuestra memoria histórica. Francisco de Asís, con su profundo sentido de lo concreto y de lo limitado, podría ayudarnos a conseguir nuestra memoria histórica, a superar el fácil y cómodo maniqueísmo del hombre real, tanto del vencedor como del vencido. Esto ayudaría a que todas las acciones, los diversos grupos y las personas antagónicas pudieran encontrar un nuevo horizonte de comprensión y de integración, porque todos están empastados de luces y sombras. 3. Superar la categoría de lo antagónico. Todas las sociedades han creado grupos excluidos y marginados, que después no han querido aceptar ni soportar. La dinámica de nuestra sociedad se plantea inevitablemente el enemigo necesario que hay que eliminar como obstáculo. Francisco se coloca más allá de las diferencias antagónicas y rivales para encontrarse con lo esencial del hombre. Por eso fue profeta de la paz. Algunos criterios franciscanos que pueden repercutir positivamente en nuestra cultura1. Hacia una filosofía del derecho basada sobre la persona. La filosofía actualmente predominante en el derecho político se basa sobre el concepto de individuo. Esta filosofía se apoya fundamentalmente sobre el egoísmo, busca el interés particular y trata de compartir y armonizar los diversos egoísmos e intereses para que la vida social pueda funcionar. La propuesta franciscana es una filosofía del derecho basada no tanto sobre el individuo cuanto sobre la persona, que toma el modelo trinitario (la Trinidad vista como la perfecta comunidad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; es decir, que en esta singular comunidad encontramos profunda comunicación, íntima convivencia, fuerte solidaridad, igualdad y coparticipación totales). La persona es esencialmente relación; y la relación con los otros no se apoya en el interés propio sino en el amor y en el compartir. La Trinidad aparece como modelo o paradigma de las relaciones sociales. Desde el Renacimiento en adelante la cultura moderna ha presentado el modelo ético y psicológico del hombre según los comportamientos del animal. Desde el punto de vista franciscano se respetan los animales, pero la propuesta es Dios-trino como modelo humano. El hombre es interpretado no desde su categoría animal sino desde la comunidad trinitaria. Y al ser imagen de Dios, lleva en sí esta imagen trinitaria que le impulsa a la vida de solidaridad y de compañía. 2. Hacia un pensar ecológico. Frente a la grave crisis ambiental es urgente y necesaria una nueva mentalidad que pudiéramos llamar "un nuevo pensar ecológico".Una ecología complexiva y planetaria exige la colaboración de la política, economía, ciencias humanas y tecnológicas, pero exige también una antropología relacional, una ética comprometida y una teología orientadora e iluminadora. El franciscanismo puede ofrecer los presupuestos doctrinales para crear una nueva mentalidad ambiental y una nueva pedagogía de saber habitar el mundo. En la educación del hombre respecto a la naturaleza, Francisco de Asís, patrono de la ecología, y la escuela franciscana pueden ofrecer una palabra esencial y una actitud alternativa frente a las exigencias de una nueva mentalidad y sensibilidad ecológicas. En Francisco la naturaleza jamás es objeto útil ni campo permitido para desarrollar la ambición incontrolada del hombre, sino que tiene propia autonomía y un sentido profundo que no puede olvidarse ni ocultarse. Francisco ama y respeta la naturaleza no desde un modo impersonal y anónimo, sino tratando cada criatura en su propia individualidad y concretez. Él vivía tan profundamente la vida como don divino, que no dudaba en comunicar este sentimiento de gratitud a todos los seres como salidos de la mano de un mismo Padre y con los que le vinculaba un irrompible lazo fraternal. Un ejemplo más de cómo Francisco nos puede ayudar a contemplar la naturaleza y crear un nueva mentalidad: Cuando él ordena al hermano hortelano que no dedique todo el huerto al cultivo de verduras comestibles, sino que reserve parte para la verde hierba y para las flores y plantas aromáticas está demostrando que la naturaleza y sus cosas tienen su propia finalidad y pueden resultar un festín de colores para los ojos, de aroma para el olfato y de sonidos para el oído del hombre, que sabe tener su puesto en el cosmos. 3. Hacia una cultura del ocio creador. La prolongación de la vida humana y la reducción de horas de trabajo semanal hacen que el hombre disponga de más tiempo libre. Caminamos hacia un futuro inmediato en el que el ocio será un grave problema que afrontar de notable consecuencia personales y sociales que exigen los presupuestos de una cultura humanizante del ocio creador. Con lo cual será necesario:
Influencia de lo franciscano en la evolución del arte y en la religiosidad popularLa rápida difusión del franciscanismo abarcando todas las clases sociales es innegable y lo patentizan los monumentos que se conservan de la edad media, y su decisiva influencia en el arte queda manifiesta como un hecho rigurosamente cierto. La persona de Cristo fue el gran amor de Francisco, y entre sus escritos encontramos el Oficio de la pasión, en el que se considera a Cristo y a María como los caminos seguros de las criaturas para ir al Padre, poco estudiado por sus biógrafos, pero de gran repercusión en la historia del arte. El cristocentrismo de Francisco puede ejemplarizarse en los misterios de la Navidad, Eucaristía, pasión y muerte del Señor. El año 1223, tres antes de su muerte, celebró Francisco con gran solemnidad la fiesta de Navidad en la aldea de Greccio, como detalladamente nos la describe su biógrafo Celano. Reprodujo allí el nacimiento de Cristo, preparando junto al altar un pesebre de heno, donde reclinó la imagen del Niño, sin que faltaran el buey y el asno. Esta noche constituye un hito luminoso en la historia del arte europeo de manera que va a influir en el teatro sacromedieval. También los pintores y escultores tendrán en cuenta este hecho hasta el punto que más de uno lo ha colocado en la misma cueva de Belén de Judá. La leyenda del Crucifijo que suelta su brazo para abrazar a San Bernardo, fue aplicada a San Francisco, motivo que se extendió principalmente en el s. XVII por Ribalta y Murillo. Hubo para ello una motivación histórica y teológica. Por su amor al Crucificado, Francisco fue, en la historia del arte, el principal transformador del Cristo majestad del románico, heredero del estilo bizantino, en el Crucifijo paciente. Y esto por el movimiento cristocéntrico, en que tanto gusta del amor a la humanidad de Cristo. El cristocentrismo se acentúa en San Buenaventura y se produce el cambio en iconografía pasionaria. Aparece el Christus paciens sustituyendo al Cristo triunfador y pantocrátor. Semejante transformación la inicia Giotto, con quien comienza el renacimiento. El pintor florentino, altamente influenciado por el sentimiento y el amor que enardece Francisco, rompe con el frío hierático bizantino. Desde ahora el arte europeo se torna más expresivo y personal dando paso, señaladamente en la plástica pasionaria, a los sentimientos humanos de amor y compasión, tanto en el crucificado como en sus acompañantes. Por la pintura, frescos o mosaicos bizantinos, como por cuadros aislados, los iconos, el alma se eleva en la contemplación de las cosas celestes. La pintura bizantina es un arte eminentemente sagrado que acompaña el desarrollo de los actos litúrgicos. Pero hay que reconocer que esta exaltación mística corre el peligro de "traicionar" la realidad visible. Giotto abre el camino del naturalismo cristiano, naturalismo que encuentra su fuente en la fraternidad universal de san Francisco. Pero es un naturalismo bautizado, santificado por la sumisión del santo a los deseos del Padre de todas las cosas ya su reino de amor. Parece ser que la gran novedad del arte suscitado por Francisco, es haber suprimido la separación entre el arte al servicio del culto, el arte sagrado, y el arte profano, inspirado por la naturaleza. Giotto ha modificado la concepción bizantina de la pintura, en una concepción nueva, que fue, en resumen, aquella de toda la cristiandad de occidente. Al pintar la vida de San Francisco en la Basílica de Asís, Giotto encontró del todo natural seguir casi hasta la letra los detalles de la vida del santo, tal como se reflejan en la Leyenda Mayor de San Buenaventura. Algunos rasgos que caracterizan la pintura de Giotto son: el espacio real en el que se mueven los personajes; la perspectiva; la densidad de los cuerpos gracias a la sombra y luz; los gestos de los personajes que reflejan las pasiones, el estado del alma; el movimiento. Francisco no creó el renacimiento; sin embargo, no se puede negar que éste nace bajo el influjo de la fuerte personalidad del santo, y del movimiento creado por la orden religiosa de la cual él fue su fundador, cuyo arte expresa una revolución de la sensibilidad, pues necesario tener presente que el arte franciscano está en función de la orden franciscana. Respecto a la arquitectura decir que en la legislación primitiva de la orden nunca se menciona el término convento, sino sencillamente los lugar o eremitorio para designar la morada pobre, humilde aislada en que vivían los primeros frailes menores. Tampoco quiere utilizar el término casa, sino el de lugar, como en estas expresiones: "En los lugares en que habiten los frailes..."; "si hay en el lugar varios sacerdotes..."; "construir un lugar", "edificar un lugar". Los materiales de estas construcciones son la madera y el barro; algunas veces también cañizo y esteras". Francisco "enseñaba a los suyos a hacer viviendas muy pobres, de madera, no de piedra, esto es, unas cabañas levantadas conforme a un diseño muy elemental" (2 Cel 56). Y en el Testamento (24) ordena: "Guárdense los hermanos de recibir en absoluto iglesias, moradas pobrecillas, ni nada de lo que se construye para ellos, si no son como conviene a la santa pobreza que profesamos en la regla". La predicación penitencial (predicación popular entre las gentes) llevaba consigo grandes concentraciones de fieles para lo cual se necesitaban iglesias de amplias dimensiones. Ya en el capítulo general celebrado en Santa María de los Ángeles, de Asís, llamado de las esteras, el año 1219, al que asistió Francisco acompañado de 5000 religiosos, se sintió esta necesidad, pues se acordó que los edificios e iglesias que erigiese la orden no fueran muchos y siempre humildes y sencillos. Pocos años más tarde los religiosos continuaban sin tener conventos e iglesias propiamente dichos. Pues se refiere el cronista Giano que cuando el año 1225 llegó a Erfurt, acompañado de algunos religiosos, encontrándose mal acomodados, el procurador de los frailes, por encargo del pueblo, le propuso hacerles un edificio en forma de claustro, a lo que respondió fr. Jordán: "No sé lo que es un claustro; edifique simplemente una casa cerca del río para que podamos bajar a lavarnos los pies". En torno al año 1250 se edifican los primeros conventos como residencias para los religiosos e iglesias más o menos amplias destinadas al culto. Podemos pensar que es entonces cuando aparecen por primera vez las construcciones arquitectónicas. El número de los religiosos había crecido rápidamente dentro de la orden y sus actividades apostólicas también se habían extendido prodigiosamente, lo que llevaba consigo la construcción de grandes conventos y de iglesias más espaciosas. Esta fue la razón de que en el capítulo general de la orden celebrado en Narbona el año 1260 se promulgaran las Constituciones narboneses donde por primera vez se regula sobre el arte de la construcción en la orden. Los criterios de pobreza condicionan la arquitectura, los cuales serían una garantía de la pureza del nuevo estilo. Así por ejemplo, el gótico, sin ser invención franciscana, pues tiene su origen en la reforma cisterciense, tiene su impronta franciscana: iglesias de naves esbeltas y sobrias, claustros en que se combina la gracia y la austeridad, conventos edificados con materiales ordinarios, techumbres de madera sin abovedar salvo el presbiterio... Con todo este recorrido no hemos querido sino constatar las repercusiones que ha tenido y que puede tener lo franciscano en el ámbito de la cultura y de la vida no por afán de protagonismo, sino por un bien a ser valorado y que nos afecta, de una manera u otra, a todos y que nos puede ayudar a crecer en humanidad. Para la reflexión:- ¿Te has planteado alguna vez el hecho de esta influencia franciscana en el campo de la cultura? - En el ámbito en el que te mueves ¿crees que puede aportar algo el pensamiento franciscano en nuestra sociedad? - ¿Han sido familiares para ti los valores franciscanos de los que hemos hablado (austeridad, simplicidad, fraternidad, paz, ecología...) o ten han resultado del todo nuevos? ¿Qué importancia les concedes?
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