4b. FRANCISCO DE ASÍS,

Monumento a Julián Ribera en el paseo de su nombre

3102

NUESTRO REFERENTE:
EN QUÉ SE INSPIRA EN FRANCISCO DE ASÍS

PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN

1. ¿En qué se parecen la época de Francisco y nuestra época? ¿Te parece que hay alguna semejanza entre el marco sociopolítico del tiempo de Francisco y el nuestro?

2. ¿Cómo hacer del Evangelio el motor real de la vida de quienes quieren vivir el Evangelio como Francisco de Asís?

3. ¿Crees que lo más cautivador del franciscanismo es su capacidad de evocar y de conducir al Evangelio de Jesús? ¿Sigue siendo Francisco un motivo de inspiración evangélica para el hombre de hoy?

4. ¿Cómo y desde dónde el seguidor de Francisco puede hacer hoy una oferta de fe al hombre secular y postmoderno?

TEXTOS PARA LA LECTURA Y REFLEXIÓN

1. "Francisco es un misterio. Lo era ya para sus contemporáneos y lo sigue siendo para nosotros. Y un misterio no debe ser desvelado a la ligera; de lo contrario se destruye, con el enigma, la realidad misma. Se le debe dejar en su insondable profundidad, en su difícil tensión interna. Ante el misterio hay que permanecer en silencio. Hay que buscar el contacto inmediato con él. Y cuando se le contempla con mirada fija y penetrante, entonces podrá ocurrir que nos entregue algo de su esencia íntima, fecundando el alma del hombre reflexivo y llenándola de alegría. Naturalmente, siempre en la forma como lo puede hacer un misterio: descorriendo el velo para dejar entrever secretos aún más hondos...

Pasa con Francisco como con una obra de arte, o con las percepciones elementales de nuestros sentidos. Propiamente hablando una obra de arte no puede ser descrita. El que no la ha visto, oído y tocado no puede lograr una representación adecuada de la misma. Por más que se le explique, no es posible que un ciego de nacimiento, un sordo o uno que carece de olfato lleguen a tener representación adecuada de lo que es un color, un sonido o un perfume.

Francisco fue un hombre original y único en una forma que apenas es posible definir concretamente. y por ellos era, en lo que tenía de más personal y suyo, rigurosamente incomparable..." (Joseph Lortz).

2. "Encontrar a san Francisco de Asís es una aventura del espíritu, dulce, fuerte, inquietante, siempre nueva. A veces él viene a nuestro encuentro como los lugares de nuestra infancia, donde todo aparece presente y, a la vez, lejano, irreparablemente perdido y más vivo que nunca. En otros momentos el sentido de la distancia se agudiza hasta sentir un desgarrón, y Francisco de Asís, hombre profundamente enraizado en su tiempo y, a la vez, "peregrino del absoluto", parece encaminarse solo hacia regiones desconocidas, extrañas e impracticables a nuestros pasos cotidianos. Ojos y corazón lo persiguen con el estupor de una pregunta: ¿Está él lejano de nosotros o estamos nosotros lejos de vivir la verdad de nosotros mismos?

El misterio de Francisco de Asís no es una novedad. La fascinación por él debió parecer incomprensible también a sus primeros compañeros, como aquel "hermano Maseo de Marignano, hombre de gran santidad y discreción y dotado de gracia para hablar de Dios; por ello lo amaba mucho san Francisco", que en una página inolvidable de las Florecillas es presentado preguntado a Francisco, casi con un tono de reproche: "¿Por qué a ti? ¿Por qué a ti? ¿Por qué a ti?... Tú no eres hermoso de cuerpo, no sobresales por la ciencia, no eres noble, y entonces, ¿por qué todo el mundo va en pos de ti?".

La respuesta de Francisco corta de raíz toda tentación de triunfalismo humano con el filo cortante de la verdad de Dios: "¿Quieres saber por qué a mí? ¿Quieres saber por qué a mí viene todo el mundo? Esto me viene de los ojos del Dios altísimo, que miran en todas partes a buenos y malos, y esos ojos santísimos no han visto, entre los pecadores, ninguno más vil ni más inútil, ni más grande pecador que yo. Y como no ha hallado sobre la tierra otra criatura más vil para realizar la obra maravillosa que se había propuesto, me ha escogido a mí para confundir la nobleza, la grandeza, y la fortaleza, y la belleza, y la sabiduría del mundo, a fin de que quede patente que de Él, y no de creatura alguna, proviene toda virtud y todo bien, y nadie puede gloriarse en presencia de Él, sino que quien se gloría, ha de gloriarse en el Señor, a quien pertenece todo honor y toda gloria por siempre" (Flor 10).

El secreto de Francisco descansa en el misterio de la Gracia, pero quien investiga los misterios a menudo no menos inaccesibles de la historia (incluso aquella que según Francisco consiste en amar y vivir como gracia), intentará clarificar de algún modo las razones históricas de la inagotable actualidad de una figura y de un mensaje a los que nuestro tiempo mira con renovado interés: y he aquí emerger de una parte la fuerza revolucionaria y pacífica con la que Francisco de Asís ha propuesto, a personas y comunidades, la vida del Evangelio de Jesucristo, y por otra parte el extraordinario enriquecimiento de humanidad y de candor de niño, amor filial al Padre y amor fraterno a cada criatura, significado vivísimo de una justicia superior a la historia y 'dulzura de alma y cuerpo' al curar las llagas de los propios hermanos. Por un instante, la luz del proyecto de Dios plenamente revelado en Cristo, vuelve a desposarse en Francisco con nuestro sueño encendido de un mundo pacífico y de una humanidad reconciliada, que busca, conoce y vive la suprema justicia del amor" (Carlos Paolazzi).

3. "El Poverello de Asís fue hijo del siglo XIII. Fue su siglo. Ni mejor ni peor que los siguientes. Nosotros somos hijos del siglo XX. Es nuestro siglo. Ni mejor ni peor que todos los anteriores. No podremos canonizarlo. Pero tampoco nos sería lícito anatematizarlo.

Pero reconozcamos que, montada en gran parte sobre la economía -elemento importante, en cualquier momento histórico, pero nunca el más importante-, nuestra sociedad de producción y consumo se está construyendo sobre el fundamento menos real y más fluctuante de la historia: el dinero. Y, como consecuencia más o menos próxima o remota de la 'voluntad de poder', esta cultura orientada por el simple 'tener' -'necrofilia' la ha denominado E. Fromm- se está devorando los valores del orden del 'ser'. Preocupada por crear más y más ricos en lo material, la cultura actual está haciéndonos cada vez más pobres en lo espiritual.

¿Dónde encontrar ese 'suplemento de alma', que con tanta insistencia postulara Bergson, para nivelar el desequilibrio originado por la ciencia, la técnica, la economía?...

En una sociedad como la nuestra, en la que, frente a Dios, el hombre no sabe ser hijo; y, frente al hombre, no sabe ser hermano; y, frente a las cosas, no sabe oír su canto ni cantarlas por no saber ser señor de las mismas, aquel lejano y siempre actual Poverello de Asís no deja realmente de ser un mensaje para hoy" (M. Díez Presa).

4. FRANCISCO DE ASÍS, TESTIGO DE LA AMISTAD EVANGÉLICA

I. Preámbulo

El recuerdo de Francisco ha invitado a muchos a descubrir el estilo de vida evangélica que él experimentó, como la posibilidad de renovar la Iglesia. Lanzó su ofrecimiento y continúa siendo interpelador.

II. Contenidos del estilo de Francisco

1) Francisco es un hombre provocado por la Palabra. 

Desde ella se ha convertido a un amor sin límites. Francisco respondió a una palabra que le interpelaba: "Restaura mi casa que está cayendo"; su respuesta es la conversión y la fidelidad la entera Palabra de Dios. Todo deseará hacerlo desde la Palabra. Por eso, a partir de "este fundamento", podemos comprender todas las actitudes de Francisco. Es un creyente que existe a partir de la Palabra.

2) Francisco es un hombre de fe.

La fe de Francisco, es fruto del abandono y la confianza pero también de la audacia. Francisco pasó de la fe en sí mismo (recordemos como era el animador de la juventud de Asís, que esperaba ser un caballero famoso...) a fiarse solamente de Dios, abandonándose a Él. Por eso Francisco deja que Dios tenga siempre en él la iniciativa, que le lleve a dónde quiera, y por eso mismo le irá llevando a una visión nueva de todo. Desde el momento en el que Francisco supo responder a Jesús, que le indica que está buscando al siervo - deseaba ser caballero de un señor famoso- en lugar del patrón, Francisco capta la indicación, para decir inmediatamente: "¿Qué quieres que haga, Señor?" Aquí, en esa pregunta sincera, está toda la fe de Francisco en germen. A lo largo de su vida, no hará otra cosa que irla explicitando.

3) Francisco, es el amigo de Jesús despojado de todo.

Hombres como Francisco, que renuncian a sí rnismo para promocionar la vivencia del misterio de Cristo en el mundo, supone que ellos han hallado lo fundamental de su personalidad humana, que es la actitud de devolver al mismo hombre su propio sentido de ser. Francisco halla ese sentido, en el descubrimiento de Jesús liberado en su pobreza, que nos provoca a la liberación personal. De ahí que la comunión de Francisco con Jesús despojado de todo, es su fuente de liberación permanente. Liberación de su familia, de su nivel social burgués, de la estructura religiosa de un estilo monástico feudal que le hubiera impedido ser "el pobrecillo" a causa de Jesús. Pasará Francisco, delante de los bienpensantes como "antisocial y antieconómico", pero es igual porque instaurara revolucionariamente un nuevo estilo social.

4) Francisco es el hombre del Evangelio.

El Evangelio le hace ser a Francisco, hermano de todos desde su minoridad; pero su vivencia evangélica le lleva a buscar sin cesar en cada una de las actitudes de Cristo, un programa de vida que le exige mayor observancia del Santo Evangelio. Así dirá Celano que "especialmente recordaba la humildad de la Encarnación y la Caridad de la Pasión y raramente pensaba en otra cosa" (1 Cel 8).

Todo el Evangelio llevaba a Francisco por nuevos caminos de simplicidad. El camino de Francisco en Cristo, ha tenido todas las características de la simplicidad y por eso de la totalidad, es decir, sin excluir nada de su personalidad. Francisco buscó a Jesús totalmente: con su pensamiento, con su fantasía, con sus sentimientos. Por eso Francisco canta y llora, suspira y salta de gozo. Todo él, sencillamente, está asumido por la causa de Jesús y de su Evangelio. De ahí que el ejercicio continuo de la voluntad, el sentido del recomenzar, la constancia de la repetición simple de una oblación, que hacen de Francisco un gigante de la voluntad en el darse como Jesús se dio, sin condiciones.

Pero la simplicidad es en Francisco la totalidad del don que él, el Pequeño de Asís, hace de sí mismo y por su modo de darse, ha constituido un estilo nuevo en el darse para muchos hombres y mujeres a lo largo de 800 años.

5) Francisco, iniciador de una nueva espiritualidad.

La espiritualidad franciscana, no ha aparecido en la Iglesia como una doctrina expuesta orgánicamente y menos como una ideología. Sino que ha nacido sobre todo, como una experiencia de vida y de ahí que tenga las notas típicas de la experiencia:

La inmediatez; resortes hondos y variedad de posibilidades; pero sobre todo, tiene la característica principal de toda experiencia: la incomunicabilidad, entendida en el hecho de que la experiencia es una vivencia personal, que no se puede traspasar con fórmulas hechas, sino que debe ser revivida por cada uno y por el grupo en su conjunto.

Cuando Francisco dejó su casa paterna, no tenía un programa previsto o un itinerario preestablecido. Sino solamente un propósito clarísimo y simplicísimo: seguir a Cristo en su vida de amor y dolor, y vivir el Evangelio "sin añadiduras". Y es de esta orientación inicial de Francisco, que tiene origen el movimiento franciscano y surge su espiritualidad en bien de toda la Iglesia. Francisco "varón católico y todo él apostólico", como se le ha llamado, vive toda esa experiencia evangélica en el interior de la comunidad eclesial y por eso sirvió de fermento a muchos.

Francisco crea la espiritualidad de "vivir el Evangelio día a día", casi podríamos decir "momento a momento", en todas las situaciones y relaciones humanas, en las circunstancias previstas e imprevistas, siempre mirando al Sumo Bien.
Seguramente un eje de la espiritualidad franciscana es la libertad; de ella derivará todo, pues es desde la libertad recibida como don del Espíritu, que todas las necesidades ficticias (materiales y espirituales) se desvanecen y Francisco lo sabe y lo vive a fondo. Así, esa libertad espiritual le permite a Francisco ser padre de tantas personalidades libre y originales: desde Clara a Pedro de Alcántara, hasta los mártires franciscanos de todos los tiempos, pasando por Maximiliano Kolbe, para llegar a un terciario franciscano como lo fue Juan XXIII. Todos esos franciscanos, no imitan a San Francisco, sino que participan de su libertad cristiana y se colocan en el mismo punto de partida de Francisco, es decir, delante del Evangelio, para convertirse como Francisco en discípulos felices y enamorados de Cristo. Solamente así, se entiende la espiritualidad franciscana en su variedad de testimonios tan plurales y originales.

De ahí que para Francisco, vivir según el Evangelio es "comenzar a servir al Señor" como nos dice San Buenaventura en su vida de San Francisco, aunque esa frase del santo, la diga casi en el umbral de la muerte, pero el Hermano Francisco, siempre estaba comenzando de nuevo, por eso era siempre original, en vivir el Evangelio. Cada día era un paso inédito. Esa es además la humildad de Francisco: el comenzar siempre, aunque hubiera ya dado tantos pasos, pero considerándose siempre el "gran pecador", no tenía miedo de volver a comenzar.

6) Francisco es el cristiano de la pequeñez y de la humildad.

Liberarse del todo a causa del Reino de Dios, supone también poner en plena luz nuestro ser más profundo. Así podernos presentarnos a todos, libremente, y abrirnos a Dios y a los hermanos desde nuestra verdad auténtica. Para Francisco, esa sed de limpieza, sinceridad, honradez fue el fundamento de su pequeñez y humildad, sobre el que fundamentó su personalidad, hecha de sencillez evangélica.

El resultado de ese proceso, en Francisco y en sus discípulos, fue éste: poder ofrecerse a todos en un servicio de reconciliación y en una llamada a la penitencia, que precede al crecimiento del Reino en nosotros. Pero para ello, la humildad de Francisco, antes le ha reconciliado plenamente consigo mismo y pudo así ser reconciliador humilde y desinteresado entre todos. Por eso Francisco no permitía que en él germinase ninguna semilla de tentación que le impidiera vivir el estado de humildad, escogido definitivamente por él. Para Francisco la humildad-pequeñez-minoridad, es una situación de ejemplaridad, de la cual brotan las demás actitudes cristianas, porque para él, de la humildad necesariamente brota la confianza hacia Dios y hacia los hermanos. Además, para Francisco, también desde la humildad, la caridad es transfigurante y factor transformante del hombre.

Igualmente en Francisco la humildad, es el fundamento del servicio apostólico a los demás. En el episodio famoso de los ladrones a quienes invita a sus hermanos menores a servir en Montecasale, Francisco dice a sus frailes: "Dios les llamará a la conversión, por la humildad y la paciencia que vosotros les sabréis demostrar".

Francisco sabía bien que la fecundidad apostólica, incluye la humildad amorosa: "No me parecería ser un hermano menor, dice el santo, si cuando me insulten y me rechacen con vergüenza e incluso si no me aceptasen como superior suyo, no tuviera la alegría y mantuviera el mismo rostro que tenía, cuando me recibían con honor y veneración". Podemos decir que: "aquí está todo Francisco".

Para San Francisco, la humildad supone la igualdad armónica del temperamento, la estabilidad en el equilibrio interior, tanto más seguro cuanta mayor sea la opción por la humildad, que da fundamento al gozo del hombre sencillo en la pequeñez. Gozo que asume en el proceso de la humildad, desde las pequeñas humillaciones diarias que la Providencia permite para que caminemos en la libertad. En la humildad que vivió Francisco, su libertad iba creciendo por la misma grandeza de esa humildad suya, que le facilitan la plenitud de la libertad. Esa es la razón de que haya tanta verdad en Francisco, pues su humildad le lleva sin cesar a la transparencia. Esa es la causa de que Francisco sea un hombre crucificado por el despojo, pero al mismo tiempo transfigurado por la libertad y el amor. Pero Francisco ha vivido antes todo un itinerario de "tontería evangélica", del ser "locos por Cristo", para corresponder al amor loco de Dios hacia los hombres. Y ésa es la suprema razón de ser del franciscanismo: corresponder al amor que en Jesús, el Padre nos ha tenido primero.

7) La amistad relacional de Francisco.

Francisco fue un gran amigo de los hombres; las vidas que tenemos de él, nos lo demuestran, pues nos presentan a Francisco siempre en amistad con alguien.

Francisco fue gran amigo de la naturaleza y Juan Pablo II lo ha proclamado patrono de los ecologistas, pero no podemos olvidar que sobre todo Francisco es el amigo de los hombres, cada hombre es su hermano y amigo: las dos cosas a la vez, aunque a veces sea difícil.

El sentido de la amistad festiva Francisco lo llevará siempre consigo, desde que era el rey de la juventud asisiense. De esa amistad gozosa, Francisco ha hecho también el alma y el estilo de su fraternidad y de su presencia. Más aún: su progresivo modo de convertirse al amor de Dios, siempre va acompañado de amistades cada vez más variadas. Y su estilo de amistad le hace revelar la riqueza y gentileza de su espíritu.

El secreto de la amistad de Francisco está todo aquí: Francisco, llevando y hasta empujando a sus amigos por el camino del amor de Dios, no alteraba ni marcaba psicológicamente a quienes hacía semejantes a sí, pues quería que "fuesen ellos mismos". Y cada uno de sus hermanos, seguidores y amigos, continuará siendo él mismo. Por eso Francisco acepta a cada uno como es y en lo hondo de cada uno, capta signos positivos de bien.

Francisco es un creador de amistad, pero de una amistad respetuosa de cada originalidad propia, porque su amistad no es unificadora ni posesiva, sino originadora de relaciones nuevas y plurales, que disfruta de la originalidad de los demás.

Por ello mismo, Francisco tiene hacia cada amigo unos rasgos tan exquisitos de ternura; así escribirá a Fray León:

"Y si te es necesario para tu alma o para otra consolación, y quieres venir a verme, ven... Así te lo digo, hijo mío, como una madre."

No hay nada postizo en esa y en tantas otras fórmulas parecidas, sino expresión de una amistad libre y de una libertad desconcertante.

Su amistad con Clara, la "pequeña plantita", su relación con el Conde Orlando, su comunión con la Hermana Jacoba, con los leprosos, con el Cardenal Hugolino, su fraterna delicadeza con cada hermano menor: todas esas amistades son un tejido de ternura honda, varonil y de una amistad nueva. En su libertad respetuosa y gozosa hacia todos, Francisco construyó una red de amistades, red original por lo variada y red de relaciones ricas en comunicación de fe y amor evangélico.

En resumen: la amistad de Francisco, supuso siempre en él, una enorme capacidad de relacionarse con cada hombre, en el que siempre descubría a un hermano. Francisco fue un servidor evangélico de la comunión fraternal y de la misma comunión eclesial, porque fomentó y él mismo vivió con intensidad, la comunión interpersonal.

Siempre. Por tanto, buscó la lealtad en las relaciones con todos, incluso en la franca corrección fraterna, como la tuvo con aquel hermano del primer grupo de Rivotorto, que no trabajaba ni pedía limosna pero comía bien, pero a quien Francisco dirá con libertad: "Hermano Mosca, sigue tu camino, porque te aprovechas del trabajo de tus hermanos y estás ocioso en el trabajo del Señor".

Lealtad y libertad en el hablar, son el soporte del lenguaje relacional de Francisco, que se dejaba guiar siempre por un profundo sentido del realismo y que prolonga hacia todos su propia amistad relacional con Jesucristo, quien usa de la amistad de Francisco para ofrecería desde él a todos. Por eso la amistad, para el Pobre de Asís, es una relación promocionadora de amistad con Jesús mismo y acercarse a Francisco, era y es, acercarse desde él a Jesús mismo.

Y como pocos lo han sido, Francisco se transformó en mediación entre Cristo y sus hermanos, entre sus hermanos los hombres y Cristo.

(Lorenzo Alcina, Francisco de Asís y Carlos de Foucauld, testigos de la amistad evangélica, Iesus Cáritas, 1/83, 24-32).