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4. FRANCISCO DE ASÍS, |
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NUESTRO REFERENTE: EN QUÉ SE INSPIRA EN FRANCISCO DE ASÍS I. INTRODUCCIÓN: LA SOCIEDAD Y LA IGLESIA DE AQUELLA ÉPOCAEn la historia de Occidente nos encontramos, con cierta frecuencia, con personajes que pueden ser considerados como legítimos portadores de toda una época, síntesis de todo un movimiento y forma de vida que caracteriza a un tiempo concreto. Son hombres que por su poder personal han sido capaces de transformar y revolucionar la historia del pensamiento, del arte, de la religión o de cualquier otro aspecto de la vida del hombre. Francisco de Asís puede ser considerado como una de esas personas. El vigor de su carácter, la originalidad de su vida y la atracción de su carisma hizo que la Iglesia de la Edad Media comenzara a sentir de forma diversa a la tradicional los caminos de la vivencia evangélica. La fuerza original de este hombre fue el inicio de lo que hoy conocemos como movimiento franciscano. Sin embargo, dentro de esa peculiar originalidad de vida que nos presenta la figura de Francisco de Asís, no podemos menos de caer en la cuenta de un aspecto importante: la dependencia histórica de su tiempo, lo que hace de él un representante extraordinario de la sensibilidad de la baja Edad Media. De hecho, Francisco y el movimiento franciscano que nació con él hay que verlos, en su verdadera perspectiva histórica, como la consecuencia lógica y natural de una cierta situación socio-religiosa muy concreta. Estas dos dimensiones reales de la figura de Francisco de Asís, original y, a la vez, dependiente de su contexto religioso y social, hacen del fundador del movimiento franciscano la persona más cercana y el idealista más interesante. Todos nos damos cuenta de que una persona depende mucho del ambiente en que se mueve. De tal manera que, si conociéramos ese ambiente, tendríamos una estupenda clave de interpretación de lo que esa persona dijo e hizo. Eso es justamente lo que pretendemos ahora: decir a grandes rasgos cuál fue el contexto histórico, social y religioso, que le tocó vivir a Francisco de Asís, y que hizo de él el santo que hoy conocemos. La sociedad en tiempos de FranciscoDesde hacía unos siglos, se iba abriendo paso a una sociedad burguesa, comerciante y urbana:
La Iglesia en tiempos de FranciscoUna Iglesia sometida a los señores feudales que nombraban y deponían
los cargos eclesiásticos a su antojo. El clero sufría una gran decadencia
cultural, espiritual y moral. ¿Cómo influyó todo esto en Francisco de Asís?El ambiente sociopolítico de Asís a comienzos del siglo XIII se ajusta al que hemos descrito. Ciudad en luchas con su convecina Perusa, con mucho e intenso comercio. Era una Iglesia dependiente de Roma. La influencia de los movimientos heréticos se hacía sentir frecuentemente. Es ahí donde Francisco empezará su vida evangélica. Como los otros movimientos pauperísticos, Francisco valorará la pobreza radical, la itinerancia, la fraternidad. Pero comprendió que él no podía realizar su ideal fuera de la Iglesia. Por eso vivirá siempre su vocación en obediencia a la Iglesia. Al incrustar su carisma en la Iglesia, Francisco hizo nacer una nueva dimensión de la vida cristiana y religiosa.
II. ALGUNOS APUNTES DE LA VIDA DE FRANCISCO2.1. Los primeros pasosFrancisco nació en Asís, entre 1181 y 1182. Le pusieron de nombre Juan. Su padre, que estaba en Francia, cambió a su vuelta este nombre por el de Francisco (francés). Su padre, Pedro Bernardone, era comerciante en tejidos, rico, de mentalidad burguesa; frecuentemente, viajaba fuera del país, sobre todo a Francia. De su madre, Pica, sabemos poco; por lo que dicen los biógrafos, comprendió el camino de su hijo. Francisco tuvo hermanos, uno de ellos se llamaba Ángel. Francisco tuvo una cultura básica, buena para su época: sabía algo de latín y francés; fue educado en vistas al próspero negocio familiar. Según los primeros biógrafos, era hábil para el negocio y amante del lujo y del buen vivir, educado y cortés, generoso con la gente pobre. Su ambición era ser el primero en todo, creyendo que lo iba a conseguir por el dinero del que hacía depender su futuro. Así era el Francisco cuyo interior sufrirá una fuerte transformación. La conversión de Francisco fue un cambio de valores en su vida que le llevó a una opción concreta por un estilo de vida evangélico:
2.2. La búsqueda de una vida evangélicaLos tres primeros años después de su conversión fueron de discernimiento: saber quién era y qué tenía que hacer. Años duros por las incertidumbres, incomprensiones y hasta malos tratos que tuvo que sufrir. Pero años fecundos en los que perfiló el estilo de vida según el Evangelio que después se empeñó en cumplir.
Podemos sintetizar las bases sobre las que se apoyaba este primer grupo franciscano: oración, trabajo, pobreza, disponibilidad para los demás, visitas frecuentes a las iglesias, respeto a los sacerdotes, exhortaciones públicas a la penitencia evangélica, toma de conciencia de que algo nuevo está gestándose en aquella sociedad. Así nació la fraternidad: bajo el signo inequívoco del Evangelio.
2.3. La Orden de los Hermanos MenoresPosiblemente nunca pasó por la mente de Francisco "fundar" una Orden. Lo suyo fue muy espontáneo, según lo fueron marcando las circunstancias y el Espíritu. Ocurrió que el primer grupo de hermanos, con los que Francisco pasó horas de búsqueda y gozo comunes, empezó a crecer con la venida de otros muchos hermanos. Los problemas no se hicieron esperar. Aunque tenían sus reuniones ("capítulos"), no contaban con una infraestructura mínima. Francisco y sus hermanos lograron dar con el camino evangélico a puro discernir y orar, a veces equivocándose y volviendo atrás. Porque aquel grupo de hermanos ¿a dónde iba?, ¿quiénes eran? Comienza así el largo camino histórico de la Orden de los Hermanos Menores. ¿Qué supuso este cambio (el nacimiento de la Orden) para Francisco, para los hermanos y para la Iglesia?
No obstante, el ideal evangélico no se ahogó en la evolución de la Orden, sino que encontró su sitio en el conjunto del plan de salvación de la Iglesia. Por lo que podemos decir que el espíritu franciscano está bien vivo en la Orden de Hermanos Menores, y que el estilo evangélico de vida late en su propio corazón. Por otra parte, esta estructura inicial de la Orden posibilitó también que los laicos, hombres y mujeres, pudieran pensar en vivir al estilo franciscano desde su situación concreta. De tal manera tomó fuerza el movimiento de Francisco, que muchos creyentes vieron en el mensaje franciscano un camino abierto a su deseo de vida evangélica. Este amplio movimiento de penitencia es lo que posteriormente se llamaría Orden Tercera y en la actualidad Orden Franciscana Seglar. Tras un viaje a Palestina (1219) para predicar pacíficamente el mensaje de Jesús aun a costa del martirio, Francisco hizo un esfuerzo por mantener a su numeroso grupo de hermanos en el camino evangélico aceptado desde el principio. Para salvar este ideal amenazado por el deseo de organizarse al estilo de las grandes órdenes, Francisco pidió un cardenal protector que lo mantuviera en contacto con la Iglesia, renunció por criterio evangélico a su jefatura en la Orden y escribió una Regla (1223) con lo más nuclear del Evangelio. Así se salvó el ideal evangélico a pesar de las dificultades y sombras. 2.4. El final del caminoEl último período de la vida de Francisco (1223-1226) es el más sufriente, pero también el más fecundo. No sólo por la serie de circunstancias que confluyen, sino también porque en este tiempo Francisco ha sabido hacer como una síntesis de vida cristiana. Esta síntesis tiene, sin duda, un nombre: Cristo, siervo y Señor. Efectivamente, Cristo es el criterio. Todo queda leído desde Él, desde su realidad salvadora. De Él supo sacar Francisco la fuerza para llevar adelante la obra de lo que él consideraba ser la consolidación de su ideal evangélico. a) La experiencia de la debilidad. Los tres últimos años de su vida fueron de una experiencia de debilidad, tanto física (a causa de la enfermedad) como fraterna (la convivencia diaria con quien había ya adquirido fama de santo no debía resultar fácil a veces). b) Las llagas. La experiencia de las llagas (septiembre de 1224) fue de capital importancia en el proceso espiritual de Francisco. Nunca podremos captar el alcance último de este insólito hecho. Fue la manifestación externa de un largo y peculiar proceso de reflexión, vivencia e imitación de Jesús, siervo y crucificado. c) Intensificación del afecto por los hermanos. Observando las relaciones de Francisco con sus próximos en estos años finales de su vida, parece intensificarse en él ese afecto por las personas y los hermanos que le eran más cercanos (León, Bernardo, Clara, Jacoba...). d) Greccio: algo más que
una representación. Es en esta época donde se sitúa el episodio familiar
a todo amante de lo franciscano: la navidad de Greccio. Para Francisco,
conmemorar el nacimiento de Jesús es, sobre todo, un misterio de pobreza
y de fragilidad, de cruz anticipada; el pesebre es el lugar del suplicio
del recién nacido. El gozo navideño pasa por ahí, es un gozo cristiano,
un gozo distinto. e) El final. Los relatos sobre la muerte de Francisco son pasajes de verdadera unción franciscana. De ellos queremos destacar dos detalles:
(Extractado de: Fidel de Aizpurúa, El camino de Francisco de Asís. Curso básico de Franciscanismo, Ed. Asís, Valencia 1991, pp. 13-65)
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