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3. La educación franciscana. |
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1. Un desafío a la inculturación, la liberación la evangelización y el profetismo.¿Trabajamos en nuestros colegios por una educación inculturada, liberadora, evangelizadora y profética? Los educadores ¿nos tomamos el tiempo y el espacio para la lectura crítica de la realidad? Para ayudamos a resolver este interrogante tomamos los cuatro estadios de conciencia (Paulo Freire) por los que debiera transitar evolutivamente todo ser humano para ser plenamente persona y para transformar la sociedad y construir la historia, liberándose y liberando. Gráficamente puede representarse así:
¿En qué estado de conciencia nos reconocemos? ¿Qué podemos hacer para alcanzar en la comunidad educativa la adultez, es decir, el estadio de conciencia política-transformadora? Es cierto que nuestros alumnos responden a estadios evolutivos distintos según las edades y los niveles de enseñanza en el que se encuentran, pero de todos modos, cabe preguntamos si propiciamos el despliegue de los diversos estadios de conciencia a fin de favorecer el espíritu crítico, la liberación, la inculturación y la transformación creativa y solidaria de la historia. También nos podemos hacer las mismas preguntas, desde otro ángulo:
Si éste es nuestro itinerario educativo y lo aplicamos con los alumnos y nos lo aplicamos a nosotros mismos como educadores, y en forma integrada lo hacemos con todos los estamentos de la comunidad educativa, iremos progresivamente haciendo camino en la educación franciscana, inculturada, liberadora, evangelizadora y profética. 2. La renovación de la cultura en el colegio franciscano.Con la palabra cultura se indica el modo particular como, en un pueblo,
los hombres cultivan su relación con la naturaleza, entre sí mismos, y
con Dios... Es el "estilo de vidas común" que caracteriza a los diversos
pueblos. Por ello se habla de pluralidad de culturas.
En relación al tema de la cultura, su crisis y, la identidad cultural, y a la luz del análisis de la realidad cultural donde estamos insertos, ¿con qué criterios seleccionamos los contenidos de aprendizaje? Conviene pensar también, ¿qué textos usamos? ¿qué dicen? y ¿desde dónde? ¿Cuáles son nuestros materiales audiovisuales de apoyo a la enseñanza? ¿qué contenidos "transmitimos"? A la hora de las expresiones artísticas, ¿a qué le damos valor? ¿Nuestros actos escolares son un instrumento para valorar las expresiones culturales del medio?, o ¿son simples imitaciones de lo que se ve por televisión? Si se da lo último pensemos con seriedad: ¿qué creatividad estimulamos? En nuestros colegios entra el "mercado" y sus leyes, como sucede en la
vida social. No nos cansemos de plantearnos la pregunta fundamental: ¿cómo recreamos la cultura en el ámbito de la escuela? ¿cómo expresamos la vida y las costumbres en el colegio? ¿lo hacemos con los valores evangélicos y los franciscanos? ¿Experimentamos ser alternativa a la crisis cultural que deshumaniza? 3. Alternativas para la educaciónPara que, como colegios franciscanos, nos revisemos humildemente en el
ámbito donde estamos insertos y, sobre todo, para que sigamos con coraje
las intuiciones que nos permitan responder a la educación inculturada
y profética y ser alternativa en el medio, vamos a revisamos a la luz
de cuatro ideas-fuerza de la espiritualidad franciscana: a) La dignidad de toda vidaPara Francisco, la admiración contemplativa del amor gratuito de Dios,
en el Misterio de la Encarnación, Jesús hecho hombre, lo lleva a descubrir
y admirar la dignidad de su Hijo, Jesús, y la dignidad de todos los hijos. La alienación humanaHoy, el modelo de vida ya descrito y la crisis cultural contemplada,
sumergen a la gente en la alienación.
Para revisar la tarea educativa en nuestro colegio, en relación a la dignificación humana, vamos a hacerlo desde la mirada franciscana. Recuperar la mirada franciscana del otro-mi hermano.Como punto de partida, un cuento de sabor oriental:
Para alcanzar progresivamente la "mirada franciscana" hacia los otros
haremos un ejercicio en relación a nuestra mirada hacia el alumno. Sólo
por una cuestión metodológica y como modo práctico de situamos en la realidad.
Pero esta mirada se hace extensiva a todos los miembros de la comunidad
educativa: padres, compañeros, personal no docente, etc. Miradas que descartamos:
La mirada del escultorCuentan que Miguel Ángel fue Él mismo a elegir el bloque de mármol sobre
el que debía esculpir su Moisés. Ante el bloque se quedó extasiado, mirándolo.
"Aquí está Moisés", dijo, y ante la extrañeza de los que le acompañaban,
añadió: "Está aquí dentro, basta quitar lo que sobra para que aparezca". La mirada del biólogoComo científico que es, intenta: Es quien trae el diagnóstico: planifica, selecciona estrategias, distribuye el tiempo, propone actividades y planea la evaluación. Finalizado y aplicado este proceso califica, selecciona y jerarquiza según los resultados. Corre el riesgo de excluir a alguno o menospreciar, según la escala o parámetro, se adecua al sistema. Trabaja responsablemente pero en cuanto a la "mirada" deja de lado lo esencial: el misterio del otro. Y el misterio de la actuación de Dios en el otro. Conclusión del cuentoTanto al escultor como el científico les falta la "mirada" de la fe que tiene el maestro, la que permite ver con otros ojos y descubrir la luz que da vida. La "mirada" de Francisco se sintetiza en el beso al leproso, en quien besa al mismo Cristo. Es la "mirada" que ve la luz aun en la apariencia más vacía y desposeída. Esta "mirada" es dignificante. Dignifica al pobre, al desposeído, al alienado, al mediocre, al angustiado, al indiferente. Es la mirada que hace sentir bueno al otro porque contempla en él el misterio del amor de Dios. Sólo el Amor dignifica y la bondad libera. Sería oportuno revisar el perfil de los alumnos que salen de nuestros colegios y el ideal de persona a que aspiramos y examinar nuestra educación a la luz de estas "miradas" para ver a qué le damos importancia y de qué manera caracterizamos el "deber ser" de la educación.
Jesús nos va a preguntar: Tuve hambre, ¿me diste de comer?, estuve desnudo, ¿me vestiste?, estuve enfermo, ¿me viniste a ver?, preso, ¿me visitaste? Y nosotros le preguntaremos: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, desnudo, preso o enfermo?". Y Él nos dirá: "os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (cfr Mt 25). Si somos capaces de comenzar a amar a todos, desde los más pequeños, los débiles, los sufrientes, los olvidados, los pobres, va a ser más posible que nuestro amor incluya a todos. Si comenzamos por los últimos y despreciados, vamos a correr menos riesgos de caer en la injusticia de la desigualdad. Si miramos a la humanidad, desde el pobre, el marginado, nuestra mirada se ensancha, nuestro horizonte de comprensión se amplía, y nuestro corazón no excluirá a nadie y sabrá amar al que más lo necesita. Desde esta mirada de reconocimiento de la dignidad humana, toda persona tiene algo para dar. Dios mismo se ofrece a través de ella. Toda escuela franciscana debe ser también pionera en la educación ecológica. No puede concebirse hoy que aún no hayamos descubierto el valor planetario y biocéntrico que tiene la cosmovisión franciscana, cuando para Francisco todas las criaturas se revisten de dignidad y esplendor por ser vestigios de Dios. No podemos esperar más, nuestras escuelas no sólo han de ser escuelas de humanidad, sino escuelas de cuidado y protección de toda vida. b) La fraternidadLa segunda nota de la espiritualidad franciscana a tener en cuenta para ser una alternativa desde nuestros colegios en el ámbito donde estamos insertos es la fraternidad. Desde siempre hemos tenido el convencimiento de que sólo una Comunidad podía educar en la línea de educación integral cristiana que buscábamos. Queremos que nuestros colegios sean ya una "comunidad" en la que también los niños experimentasen y aprendiesen a vivir la fraternidad. Para Francisco de Asís, el ámbito de las relaciones va más allá de las personas. La hermandad de Francisco es universal y cósmica. La ruptura en las relaciones provoca fundamentalmente: - el antidiálogo Hay una experiencia clave: la solidaridad.
Para que la educación esté impregnada de identidad franciscana debería
distinguirse por la fraternidad. En las diversas funciones del colegio son varios los que ejercen autoridad: directores, educadores, secretarios, tutores y en la familia, los padres.
¿Qué se evalúa ya partir de qué? ¿Qué estimulamos? ¿Con qué medios? ¿Damos oportunidades? ¿Somos justos en dar esas oportunidades? Muchas veces creemos que damos igualdad de oportunidades porque a la hora de la carrera todos parten desde el mismo lugar y a la misma hora. Pero si pensamos bien, esta justicia encierra engaño, porque si en la línea de salida hay distintos niveles, desnutridos y bien alimentados, no están dadas equitativamente las posibilidades para llegar a la meta. Para el franciscanismo la justicia abarca las posibilidades de cada uno, previas al punto de partida. ¿Quién crea este clima de fraternidad? Conviene advertir que a veces corremos el riesgo de esperar que esta tarea de armonizar la convivencia, las relaciones fraternas, venga desde la catequesis. Otras veces, se espera descubrir un método, pero en realidad la escuela franciscana se distingue por un estilo que lo conforman todos. Hoy se tiende a hablar de pastoral educativa, entendiendo por tal, el contar con un plan de pastoral que exceda la tarea del aula. Incluye celebraciones, formación permanente de educadores, convivencias para alumnos, padres, retiros, campamentos, etc. Pero en realidad para que nuestra escuela sea centro de evangelización y para que la educación sea evangelizadora, hay que poner el colegio en pastoral. Esto es, que la evangelización sea tarea de todos: del personal docente, deí personal no docente, de los directivos, de los animadores de grupos, de los padres, de los miembros del gabinete psicopedagógico, etc. Caracterizar a nuestra escuela por la fraternidad es posibilitar que la educación inculturada-liberadoraevangelizadora y profética sea una realidad. c) La libertadA Francisco lo hizo libre la continua conversión a la desapropiación. El desnudo efectivo ante su padre y los desnudos posteriores y progresivos de todas las ataduras que le impedía ser cada vez más plenamente hijo del Padre y hermano de todos y de todo, lo hace acreedor de darnos luz en una cuestión que hoy está muy desvirtuada: la libertad. Desviaciones de la libertadHoy la libertad va de la mano del individualismo. Herederos del iluminismo y el racionalismo, nuestra libertad se basa en aquel principio que defendemos y enseñamos, y al que deberíamos mirar con cierto recelo, por no decir desconfianza. "Mi libertad termina donde comienza la de los demás". Quizás deberíamos pensar que esta práctica de la libertad promueve el "no te metas", el "yo hago lo que quiero", "total si me pasa algo, me pasa a mÍ". Esta libertad se entiende desde la capacidad de opción de la persona, pero no siempre se opta por el bien. Y, en el caso de hacerlo por el bien, se lo hace por el bien individual, olvidando el bien común. No es muy frecuente que al optar lo hagamos anteponiendo el bien común al bien individual. En esta concepción de la libertad encontramos coherencia entre la falta de armonía y la ruptura de lazos que se da en la vida fraterna. De allí la primacía del individualismo sobre la solidaridad. Los sistemas democráticos vigentes enarbolan la bandera de la libertad, pero podemos reconocer presiones que se ejercen sobre nuestra manera de pensar y actuar:
Otro problema que se nos presenta hoy en el campo de la libertad es la
moda psicologista de no poner límites por miedo a la frustración. El sistema de vida permisivo lleva al libertinaje. Este sistema de vida que se impone cada vez más y con mayores sutilezas, desvaloriza la Ética individual y la moral social. Ante estas degradaciones, nos preguntamos ¿cómo educar para la libertad?
Allí podemos decir que hay espacios para vivir la libertad auténtica. Son espacios para la vida, para la fraternidad, para el amor, para la fe.
Vivir la libertad evangélica supone darse: (Jn 8, 32) Esta libertad evangélica hoy no sólo no es tenida en cuenta como posible, debido al individualismo reinante, sino que cuando alguien intenta vivirla es considerado loco, tonto o estúpido: ¿qué es eso de dar, darse, entregarse, dejarse matar? Es remar contra corriente. Pero mirándolo bien, es donde se juega nuestro ser cristiano. Así seremos por nuestra vida motivo de escándalo evangélico para las mayorías, y si además, los otros se definen ante nosotros, seremos profetas. Si nuestras comunidades educativas asumen esa libertad evangélica serán comunidades proféticas, comunidades de denuncia y de anuncio. Nuestros colegios serán comunidades de fe liberadora ante los cuales, los otros se definan. Comunidades educativas creadoras de comunidades. Hoy la vida reclama juntarse, unirse, solidarizarse, agruparse. El signo que deberían otorgar nuestros colegios a esta realidad de vida comunitaria profética es: - la liberación por la Verdad, Es cierto que los caminos que llevan a esta libertad evangélica suponen transitar los caminos de la libertad personal, auténticamente vivida.
d) La alegríaFrancisco es alegre porque vive el gozo profundo, la esperanza. Si afirmamos que el seguimiento de Jesús-pobre, obediente y crucificado, en respuesta al Amor gratuito del Padre, es lo que da a Francisco razones para la alegría, el gozo y la esperanza, tendremos que saber buscar en nuestro ambiente, en nuestro medio: ¿quién ama?, ¿quiénes están alegres y gozosos? ¿quiénes son capaces de vivir la esperanza? Visiones negativas de la felicidadEn nuestro entorno vemos como se desvirtúa el sentimiento de felicidad. Una alegría que escapa a la cruz, a la muerte, a la enfermedad, a la vejez, a las arrugas, a todo tipo de declinación, a la discapacidad. Cierto es también que hay sufrimientos impuestos por la injusticia de la pobreza, como el no acceso a la educación, al cuidado de la salud, a la vida digna... La alegría del hombre auténtico se expresa en el gozo por la vida, la salud, el nacimiento de los hijos. El hombre auténtico goza de las pequeñas cosas. Tiene sentido del humor, sabe reírse de sí mismo. Muchas veces, los pobres son los que nos enseñan este modo de vivir, sencillamente y con serenidad, aún en medio de privaciones. Sin embargo, suelen ser los más criticados por irresponsables, vagos, inconscientes... El hombre vive la alegría auténtica cuando integra lo negativo. Integra la decadencia, los sufrimientos, la cruz, las arrugas, los hijos no esperados, la enfermedad, los contratiempos, la muerte. El ser humano vive la alegría auténtica cuando es capaz de vivir la vida
sin disfraces, El hombre auténtico vive la alegría porque lo 'hace desde la fe. Vive gozoso, dando gratuitamente lo que gratuitamente le es dado por Dios. Vive la vida como regalo y como don. Ese si es hombre de esperanza.
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