3. La educación franciscana.


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1. Un desafío a la inculturación, la liberación la evangelización y el profetismo.

¿Trabajamos en nuestros colegios por una educación inculturada, liberadora, evangelizadora y profética?

Los educadores ¿nos tomamos el tiempo y el espacio para la lectura crítica de la realidad?

Para ayudamos a resolver este interrogante tomamos los cuatro estadios de conciencia (Paulo Freire) por los que debiera transitar evolutivamente todo ser humano para ser plenamente persona y para transformar la sociedad y construir la historia, liberándose y liberando.

Gráficamente puede representarse así:

CONCIENCIA 
MÁGICA
La realidad lo supera.
Desconoce las causas.
Vive sometido y sumergido.
CONCIENCIA 
INGENUA
Ve la realidad pero la expresa según los otros.
Se expresa en el "se dice", "se piensa", "se hace".
CONCIENCIA 
CRÍTICA
Conoce la realidad, sus causas y sus consecuencias.
Objetiva el análisis y se expresa según Él mismo: "yo digo", "yo pienso", "yo hago"
CONCIENCIA 
POLÍTICA TRANSFORMADORA
Tras ser critico se une a los otros solidariamente para transformar la realidad creativa y comunitariamente antepone el bien común al bien individual."nosotros decimos", "nosotros pensamos", "nosotros hacemos".

¿En qué estado de conciencia nos reconocemos?

¿Qué podemos hacer para alcanzar en la comunidad educativa la adultez, es decir, el estadio de conciencia política-transformadora?

Es cierto que nuestros alumnos responden a estadios evolutivos distintos según las edades y los niveles de enseñanza en el que se encuentran, pero de todos modos, cabe preguntamos si propiciamos el despliegue de los diversos estadios de conciencia a fin de favorecer el espíritu crítico, la liberación, la inculturación y la transformación creativa y solidaria de la historia.

También nos podemos hacer las mismas preguntas, desde otro ángulo:

¿Favorecemos el desarrollo cognoscitivo, psicomotriz, socioafectivo, y espiritual de nuestros alumnos para que progresen y maduren en e/ desarrollo de una personalidad integrada, de modo tal que alcancen la vida adulta sana y equilibrada?

¿Qué estrategia utilizamos para la estructuración del pensamiento? ¿Facilitamos y promovemos el aprender a pensar, el aprender a aprender?

¿Favorecemos la opinión, el "decir la palabra", el juicio crítico? ¿Posibilitamos el conocer y el comprender por sus causas y consecuencias? ¿Lo hacemos sólo en el plano intelectual, o también, usamos estas mismas estrategias a la hora de revisar y repensar actitudes?

¿Discernimos las acciones y las respuestas educativas a la luz del bien común sobre el bien individual? ¿Creamos espacios para el compromiso solidario con todos?

Si éste es nuestro itinerario educativo y lo aplicamos con los alumnos y nos lo aplicamos a nosotros mismos como educadores, y en forma integrada lo hacemos con todos los estamentos de la comunidad educativa, iremos progresivamente haciendo camino en la educación franciscana, inculturada, liberadora, evangelizadora y profética.

2. La renovación de la cultura en el colegio franciscano.

Con la palabra cultura se indica el modo particular como, en un pueblo, los hombres cultivan su relación con la naturaleza, entre sí mismos, y con Dios... Es el "estilo de vidas común" que caracteriza a los diversos pueblos. Por ello se habla de pluralidad de culturas.

La cultura as! entendida, abarca la totalidad de la vida de un pueblo: el conjunto de valores que lo animan y contravalores que lo debilitan.

Nos preguntamos:

¿Cómo se analizan críticamente los signos de vida y de muerte de la realidad cultural de nuestro mundo, de nuestro ambiente, en el ámbito interior de la escuela?

¿Cómo y a través de qué reconocemos nuestra identidad cultural?

¿Cuáles son los rasgos de la cultura dominante? La educación en nuestras escuelas, ¿hace algo para distinguirlos?

¿De qué modo se promueve la identidad cultural?

Si educar es evangelizar. ¿ Tomamos una postura crítica frente a la penetración cultural y a los antivalores... para ayudara impregnar de Evangelio nuestra cultura?


Siempre que nos revisemos, hagámoslo con mirada franciscana. Reconozcamos los logros, descubramos las posibilidades, pero seamos sinceros a la hora de reconocer las incoherencias, y nunca nos instalemos en el punto de llegada. La utopía siempre realizable, nos exige que tal punto sea para un nuevo lanzamiento, para una nueva partida.

En relación al tema de la cultura, su crisis y, la identidad cultural, y a la luz del análisis de la realidad cultural donde estamos insertos, ¿con qué criterios seleccionamos los contenidos de aprendizaje? Conviene pensar también, ¿qué textos usamos? ¿qué dicen? y ¿desde dónde? ¿Cuáles son nuestros materiales audiovisuales de apoyo a la enseñanza? ¿qué contenidos "transmitimos"?

A la hora de las expresiones artísticas, ¿a qué le damos valor? ¿Nuestros actos escolares son un instrumento para valorar las expresiones culturales del medio?, o ¿son simples imitaciones de lo que se ve por televisión? Si se da lo último pensemos con seriedad: ¿qué creatividad estimulamos?

En nuestros colegios entra el "mercado" y sus leyes, como sucede en la vida social.
Pensemos en los viajes de estudios y cómo se vuelven cada vez más exigentes según lo impone el consumismo.

No nos cansemos de plantearnos la pregunta fundamental: ¿cómo recreamos la cultura en el ámbito de la escuela? ¿cómo expresamos la vida y las costumbres en el colegio? ¿lo hacemos con los valores evangélicos y los franciscanos? ¿Experimentamos ser alternativa a la crisis cultural que deshumaniza?

3. Alternativas para la educación

Para que, como colegios franciscanos, nos revisemos humildemente en el ámbito donde estamos insertos y, sobre todo, para que sigamos con coraje las intuiciones que nos permitan responder a la educación inculturada y profética y ser alternativa en el medio, vamos a revisamos a la luz de cuatro ideas-fuerza de la espiritualidad franciscana:

a) La dignidad de la persona humana y de toda criatura. 
b) La fraternidad. 
c) La libertad. 
d) La alegría

a) La dignidad de toda vida

Para Francisco, la admiración contemplativa del amor gratuito de Dios, en el Misterio de la Encarnación, Jesús hecho hombre, lo lleva a descubrir y admirar la dignidad de su Hijo, Jesús, y la dignidad de todos los hijos.

La fe de Francisco es la fe en la presencia de Dios en todo ser humano. De ahí su dignidad.

La fe de Francisco es fe en las huellas de Dios, en la simiente de Dios en todo lo creado. De ahí su reverencia al Altísimo en el Cántico de las Criaturas.

La dignidad de la vida no sólo hace sus reclamos desde las personas. Toda criatura reclama respeto y cuidado. La naturaleza hoy reclama dignificación porque sufre innumerables atropellos. Muchos de ellos son producto de la industrialización y el uso inadecuado y no ético de la ciencia y de la técnica.

Reconocemos la dignidad de todo hombre, por ser hijos del Padre y hermanos de Jesús.

La alienación humana

Hoy, el modelo de vida ya descrito y la crisis cultural contemplada, sumergen a la gente en la alienación.

Hay distintos tipos de alienación, de dependencia:

Muchos hombres sufren hoy la alienación de la pobreza: el desempleo, el hambre, la falta de vivienda, el atropello a los derechos humanos básicos de las dos terceras partes de la humanidad, niñas y niños que no pueden aprender porque tienen hambre, chicos que no pueden correr en la clase de educación física porque se fatigan, corroboran esta afirmación.

Además, la mayor alienación es que estas mismas personas, están empujadas a ser como el modelo que se impone en los escaparates y la publicidad. La frustración, la droga, la prostitución, la delincuencia... suelen ser las salidas comunes de los pobres empujados a imitar y consumir.

La mediocridad, es otro modo de alienación: el no pensar, el conformismo, el vivir en el "se dice", "se piensa", "se hace", y no en el "yo digo", "yo pienso", "yo hago".

Y están aquellos que aparentemente viven saciados, porque tienen resuelto el problema económico, pero igual sufren la alienación de la angustia, la soledad y el vacío. Tienen hambre de compañía, de trascendencia, de sentido, de amor, de ternura, de serenidad, de capacidad contemplativa. Son los adictos de hoy. Adictos a tener y consumir, adictos al alcohol y a las drogas, adictos a las dietas, adictos a la TV y a los videos, adictos a los viajes, etc. Pero no logran saciar el hambre fundamental.

Cada uno de nosotros ya estaremos haciendo el esfuerzo por descubrir en el entorno donde está inserta nuestra escuela: ¿ Cómo viven y sienten las personas? ¿ Qué tienen de positivo para dar?, ¿ Cuál es su riqueza ?, ¿qué te falta para reconocerse en su propia dignidad?, ¿ Qué alienaciones predominan en nuestro ambiente?

Para revisar la tarea educativa en nuestro colegio, en relación a la dignificación humana, vamos a hacerlo desde la mirada franciscana.

Recuperar la mirada franciscana del otro-mi hermano.

Como punto de partida, un cuento de sabor oriental:

Cierto príncipe tenía tres amigos sabios: uno era artista-escultor, otro era científico biólogo y el tercero era maestro. Un día tuvo curiosidad por conocer y comparar su manera de mirar las cosas, y los puso a prueba de esta forma: por separado, fue citándolos uno a uno en su jardín, junto a un pequeño estanque. "Dime, ¿qué te llame más la atención?".

El escultor, antes de responder, dio una vuelta en tomo al estanque, admirando el pretil de mármol bellamente esculpido. Y contestó: "Me gusta el estanque porque el pretil está muy bien tallado".

El científico observó el pretil, pero su mirada se concentró enseguida en el interior del estanque: contempló largo rato el agua, las flores de loto que se abrirán sobre ella, los pececillos de colores que nadaban entre las algas, los insectos que se movían sobre la superficie y en la profundidad. "lo mejor del estanque es la vida que bulle en sus aguas".

Cuando tocó el tumo al maestro, comenzó como los dos anteriores: también observó el pretil, y sobre todo, las aguas, y respondió luego: "El pretil es bello, el interior del estanque, la vida que hay en él, es sin duda lo mejor. Pero lo que más me impresiona es la luz". "¿La luz?", preguntó extrañado el príncipe. "Sí", respondió el maestro. "Observa estos juegos de luces y sombras que resaltan los relieves del pretil: la luz hace que tu estanque sea diferente a la mañana, al mediodía y al atardecer. Fíjate en esos rayos de sol que se filtran hasta el fondo: todo se hace claro a su contacto. Y lo que es más importante: la vida crece y se transforma dentro del estanque gracias a la luz que llega a él. Mañana será distinto de lo que es hoy. Es imprevisible lo que cada día encentrarás en él, porque la luz añade a la vida el misterio".

Para alcanzar progresivamente la "mirada franciscana" hacia los otros haremos un ejercicio en relación a nuestra mirada hacia el alumno. Sólo por una cuestión metodológica y como modo práctico de situamos en la realidad. Pero esta mirada se hace extensiva a todos los miembros de la comunidad educativa: padres, compañeros, personal no docente, etc.

Vamos a partir de lo que no queremos y lo que haremos imaginando actitudes que pueden suscitarse en torno al estanque del cuento, aunque no aparezcan en el mismo.

Miradas que descartamos:

la del que pasa junto al estanque y 
- se sienta encima
- remueve las aguas 
- corta las flores
- se lleva los peces.

Esta es una mirada de "uso", el otro pasa a ser objeto. Esta mirada "dosifica" al otro, no lo personaliza.

la del que pasa junto al estanque y 
- se queda allí parado, pero... mira para otro lado.

Esta es una mirada de indiferencia. El otro "es", pero más bien como un "mal necesario", entabla relaciones utilitarias, no personalizadas.

la del que pasa junto al estanque y
- contempla las flores y se queda con las más bellas,
-contempla los peces y se queda con los de mayor colorido, 
-descarta el agua porque está algo turbia.

Esta mirada es de "conveniencia", hace diferencias, se "queda"con lo que le apetece y excluye al más débil.

Estas miradas quedan descartadas porque no son la mirada de Francisco hacia la persona humana.

Volvamos al cuento...

La mirada del escultor

Cuentan que Miguel Ángel fue Él mismo a elegir el bloque de mármol sobre el que debía esculpir su Moisés. Ante el bloque se quedó extasiado, mirándolo. "Aquí está Moisés", dijo, y ante la extrañeza de los que le acompañaban, añadió: "Está aquí dentro, basta quitar lo que sobra para que aparezca".

Esta mirada tiene dos aspectos muy positivos y un pero... Los aspectos positivos:

Tiene en cuenta las limitaciones del otro, su realidad presente no detiene la mirada del educador. Tiene en cuenta lo que el otro puede llegar a ser, es una actitud constructiva y optimista.

Se confía en las potencialidades del otro, se intenta descubrirlas y hacerlas surgir, es una actitud de realización, de superación.

Pero... se corre el riesgo de hacer al otro a imagen y semejanza del educador, quien, como el escultor sueña y se anticipa al modelo de obra terminada. Pero se olvida de escuchar, prestar atención, hacer surgir los propios sentimientos, respetar las motivaciones, las intenciones.

La mirada del biólogo

Como científico que es, intenta:

- analizar objetivamente la realidad del otro, 
- observar: 
         sus aciertos y errores, 
         sus tendencias y motivaciones, 
         sus posibilidades, 
- prever reacciones y respuestas 
- preparar las condiciones adecuadas para el logro esperado.

Es quien trae el diagnóstico: planifica, selecciona estrategias, distribuye el tiempo, propone actividades y planea la evaluación. Finalizado y aplicado este proceso califica, selecciona y jerarquiza según los resultados. Corre el riesgo de excluir a alguno o menospreciar, según la escala o parámetro, se adecua al sistema. Trabaja responsablemente pero en cuanto a la "mirada" deja de lado lo esencial: el misterio del otro. Y el misterio de la actuación de Dios en el otro.

Conclusión del cuento

Tanto al escultor como el científico les falta la "mirada" de la fe que tiene el maestro, la que permite ver con otros ojos y descubrir la luz que da vida.

La "mirada" de Francisco se sintetiza en el beso al leproso, en quien besa al mismo Cristo. Es la "mirada" que ve la luz aun en la apariencia más vacía y desposeída.

Esta "mirada" es dignificante. Dignifica al pobre, al desposeído, al alienado, al mediocre, al angustiado, al indiferente. Es la mirada que hace sentir bueno al otro porque contempla en él el misterio del amor de Dios. Sólo el Amor dignifica y la bondad libera. Sería oportuno revisar el perfil de los alumnos que salen de nuestros colegios y el ideal de persona a que aspiramos y examinar nuestra educación a la luz de estas "miradas" para ver a qué le damos importancia y de qué manera caracterizamos el "deber ser" de la educación.

Conviene revisemos también a la luz de la mirada franciscana que dignifica: ¿Para quiénes está abierto nuestro colegio? ¿Es para todos o privilegia a alguna clase social o intelectual?

¿Quiénes y por qué son valorados en nuestros colegios? ¿ Cómo manejamos el tema de los ingresos? ¿Quiénes ingresan? ¿Usamos criterios de selección? ¿Cuáles?

¿Tenemos normas de convivencia? ¿Bajo qué mirada del otro están establecidas? ¿A quiénes se premia? ¿Hay castigos? ¿Cómo se sanciona? ¿Cómo se resuelven los problemas de conducta? ¿y el de los repetidores?

Recordemos el Evangelio:

Jesús nos va a preguntar: Tuve hambre, ¿me diste de comer?, estuve desnudo, ¿me vestiste?, estuve enfermo, ¿me viniste a ver?, preso, ¿me visitaste? Y nosotros le preguntaremos: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, desnudo, preso o enfermo?". Y Él nos dirá: "os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (cfr Mt 25).

Si somos capaces de comenzar a amar a todos, desde los más pequeños, los débiles, los sufrientes, los olvidados, los pobres, va a ser más posible que nuestro amor incluya a todos.

Si comenzamos por los últimos y despreciados, vamos a correr menos riesgos de caer en la injusticia de la desigualdad.

Si miramos a la humanidad, desde el pobre, el marginado, nuestra mirada se ensancha, nuestro horizonte de comprensión se amplía, y nuestro corazón no excluirá a nadie y sabrá amar al que más lo necesita.

Desde esta mirada de reconocimiento de la dignidad humana, toda persona tiene algo para dar. Dios mismo se ofrece a través de ella.

Toda escuela franciscana debe ser también pionera en la educación ecológica. No puede concebirse hoy que aún no hayamos descubierto el valor planetario y biocéntrico que tiene la cosmovisión franciscana, cuando para Francisco todas las criaturas se revisten de dignidad y esplendor por ser vestigios de Dios. No podemos esperar más, nuestras escuelas no sólo han de ser escuelas de humanidad, sino escuelas de cuidado y protección de toda vida.

b) La fraternidad

La segunda nota de la espiritualidad franciscana a tener en cuenta para ser una alternativa desde nuestros colegios en el ámbito donde estamos insertos es la fraternidad.

Desde siempre hemos tenido el convencimiento de que sólo una Comunidad podía educar en la línea de educación integral cristiana que buscábamos. Queremos que nuestros colegios sean ya una "comunidad" en la que también los niños experimentasen y aprendiesen a vivir la fraternidad.

Para Francisco de Asís, el ámbito de las relaciones va más allá de las personas. La hermandad de Francisco es universal y cósmica.

La ruptura en las relaciones provoca fundamentalmente: 

- el antidiálogo 
- la incomunicación,
- el enfrentamiento yo-otro, 
- el individualismo, 
- la discriminación, 
- la desigualdad,
- el poder y el autoritarismo, 
- la competencia,
- la explotación,
- la marginación. 

Por el contrario: 

Hay una experiencia clave: la solidaridad. 
Hay una actitud básica: el compartir.
Hay una disposición previa: la igualdad.
Hay una condición indispensable: el respeto.

El respeto, la igualdad, el compartir y la solidaridad hacen posible la vivencia de la fraternidad.

Si aplicamos lo que decíamos acerca de la "mirada" a todos los integrantes de la comunidad educativa, surgen nuevas preguntas: ¿Cómo nos miramos unos a otros? ¿Qué mirada fomenta el ambiente educativo ? ¿Quiénes son los otros para cada uno?

Para que la educación esté impregnada de identidad franciscana debería distinguirse por la fraternidad.

Una escuela franciscana debería distinguirse por el clima de amistad que se muestra en las relaciones, en el interés por el otro, el trato cara a cara, el trato afectivo.

El clima de amistad se realiza por la palabra y el diálogo, medios válidos para convivir y superar los conflictos.

La confianza, el poder decir, el poder opinar, siempre desde el respeto; la participación, por la que hay lugar para todos; el abrir constantemente espacios y el respetar los canales de comunicación, todo esto hace al clima amigable y fraterno.

El trabajo en equipo según funciones y tareas como por ejemplo: equipos directivos, equipos docentes, grupos de padres, grupos de alumnos, animadores de grupos, departamentos... hacen y favorecen la escuela en fraternidad.

y aquí vale la pena reflexionar acerca de varias cuestiones:

La primera, ¿cómo se ejerce la autoridad en la escuela? Para Francisco la autoridad es sinónimo de servicio, a imagen de Jesús que lava los pies de los discípulos.

En las diversas funciones del colegio son varios los que ejercen autoridad: directores, educadores, secretarios, tutores y en la familia, los padres.

¿Cómo se ejerce esa autoridad? ¿desde el poder y el autoritarismo?, ¿o desde el servicio?

En segundo término, nos interesa preguntarnos acerca de una problemática que puede darse en nuestros colegios: la discriminación.

¿Qué tratamiento merece esta cuestión? ¿La afrontamos como problema? ¿o debemos reconocer que somos incoherentes y que, además de existir, se fomenta?

En el caso de los alumnos puede darse discriminación por:

Capacidades intelectuales >
Color de la piel >
Recursos económicos >
La vestimenta >
Forma de expresarse >
Enfermedad o discapacidad >

quedan excluidos los menos dotados.
quedan postergados los de otras razas.
quedan postergados los pobres.
se descalifica al que no sigue la moda.
quedan afuera los menos estimulados.
se descarta aún más a quienes sufren enfermedades psíquicas.

  Una consecuencia de la discriminación que es también causa, es el tercer aspecto que
vamos a tratar aquÍ como atentado a la fraternidad. Nos referimos a la competencia.

¿Qué se evalúa ya partir de qué? ¿Qué estimulamos? ¿Con qué medios? ¿Damos oportunidades? ¿Somos justos en dar esas oportunidades?

Muchas veces creemos que damos igualdad de oportunidades porque a la hora de la carrera todos parten desde el mismo lugar y a la misma hora. Pero si pensamos bien, esta justicia encierra engaño, porque si en la línea de salida hay distintos niveles, desnutridos y bien alimentados, no están dadas equitativamente las posibilidades para llegar a la meta. Para el franciscanismo la justicia abarca las posibilidades de cada uno, previas al punto de partida.

¿Quién crea este clima de fraternidad? Conviene advertir que a veces corremos el riesgo de esperar que esta tarea de armonizar la convivencia, las relaciones fraternas, venga desde la catequesis.

Otras veces, se espera descubrir un método, pero en realidad la escuela franciscana se distingue por un estilo que lo conforman todos.

Hoy se tiende a hablar de pastoral educativa, entendiendo por tal, el contar con un plan de pastoral que exceda la tarea del aula. Incluye celebraciones, formación permanente de educadores, convivencias para alumnos, padres, retiros, campamentos, etc.

Pero en realidad para que nuestra escuela sea centro de evangelización y para que la educación sea evangelizadora, hay que poner el colegio en pastoral. Esto es, que la evangelización sea tarea de todos: del personal docente, deí personal no docente, de los directivos, de los animadores de grupos, de los padres, de los miembros del gabinete psicopedagógico, etc.

Caracterizar a nuestra escuela por la fraternidad es posibilitar que la educación inculturada-liberadoraevangelizadora y profética sea una realidad.

c) La libertad

A Francisco lo hizo libre la continua conversión a la desapropiación.

El desnudo efectivo ante su padre y los desnudos posteriores y progresivos de todas las ataduras que le impedía ser cada vez más plenamente hijo del Padre y hermano de todos y de todo, lo hace acreedor de darnos luz en una cuestión que hoy está muy desvirtuada: la libertad.

Desviaciones de la libertad

Hoy la libertad va de la mano del individualismo.

Herederos del iluminismo y el racionalismo, nuestra libertad se basa en aquel principio que defendemos y enseñamos, y al que deberíamos mirar con cierto recelo, por no decir desconfianza. "Mi libertad termina donde comienza la de los demás".

Quizás deberíamos pensar que esta práctica de la libertad promueve el "no te metas", el "yo hago lo que quiero", "total si me pasa algo, me pasa a mÍ".

Esta libertad se entiende desde la capacidad de opción de la persona, pero no siempre se opta por el bien. Y, en el caso de hacerlo por el bien, se lo hace por el bien individual, olvidando el bien común. No es muy frecuente que al optar lo hagamos anteponiendo el bien común al bien individual.

En esta concepción de la libertad encontramos coherencia entre la falta de armonía y la ruptura de lazos que se da en la vida fraterna. De allí la primacía del individualismo sobre la solidaridad.

Los sistemas democráticos vigentes enarbolan la bandera de la libertad, pero podemos reconocer presiones que se ejercen sobre nuestra manera de pensar y actuar:

  • Los medios de comunicación, la publicidad, con la incitación al consumismo.
  • Algunos comunicadores sociales, o creadores de opinión que ejercen su función al
    servicio de los centros de poderes dominantes.
  • Algunos grupos políticos "compradores" de votos.
  • Las sectas, la carta astral, etc. y todo otro tipo de respuestas mágicas a los problemas acuciantes del hombre de hoy.
  • La difusión y promoción de grupos que tienden redes sutiles y ganan adeptos ofreciendo
    felicidad, paz...
  • Las religiones, aún la católica; cuando se convierten en algo alienante, esclavizante, cuando se aferran a formas, cuando transmiten verdades razonadas, frases hechas, en lugar de promover el encuentro con el Dios de la Vida, el Dios cercano.

Otro problema que se nos presenta hoy en el campo de la libertad es la moda psicologista de no poner límites por miedo a la frustración.

Luego comprobamos, a veces tarde, que la falta de límites desestructura la personalidad, genera psicóticos, varones y mujeres (niños, adolescentes y adultos) que ponen la acción fuera, muchas veces agresiva y violenta sin responsabilizarse de sus actos. también la agresión puede recaer sobre sí mismo y derivar en dependencias como la droga que mata lentamente.

El sistema de vida permisivo lleva al libertinaje. Este sistema de vida que se impone cada vez más y con mayores sutilezas, desvaloriza la Ética individual y la moral social.

Ante estas degradaciones, nos preguntamos ¿cómo educar para la libertad?

  • En cada familia, en cada grupo humano donde se respeta la individualidad pero al mismo
    tiempo se sabe escuchar, acompañar y ayudar unos a otros,
  • allí donde el amor permite soportar, aceptar y perdonar,
  • allí donde se aceptan los límites y ciertos condicionamientos propios de la convivencia, que favorece a todos,
  • allí donde se busca y trabaja por el bien común y donde las personas pueden decir lo que
    piensan y pueden expresar su palabra,
  • allí donde no hay distintas categorías de participación y pueden vencer los miedos y los
    prejuicios,
  •  allí donde se expresan solidariamente las tareas y se comparten,
  • allí donde la fe es camino de encuentro con Dios Padre, con el Dios vivo y presente en la
    historia de cada uno y del pueblo,
  • allí donde la Palabra de Dios reúne a la comunidad.

Allí podemos decir que hay espacios para vivir la libertad auténtica. Son espacios para la vida, para la fraternidad, para el amor, para la fe.

  • Si se vive la fraternidad hay ambiente propicio para la experiencia de la libertad.
  • Pensemos en la libertad evangélica a partir de la educación liberadora-evangelizadora. Quizás sea
  • Éste un punto muy difícil de analizar porque es en el que más fallamos.
  • Debemos planteamos la libertad evangélica como un constante camino de conversión. 
  • Vivir firmemente la fe. Y para que esa fe sea liberadora, debe llevamos al despojo, a la desapropiación. 

Vivir la libertad evangélica supone darse: (Jn 8, 32) 
- dar la vida por la Verdad, 
- dar la vida por Cristo, 
- dar la vida por los hermanos, 
- jugarse la vida por la justicia.

Esta libertad evangélica hoy no sólo no es tenida en cuenta como posible, debido al individualismo reinante, sino que cuando alguien intenta vivirla es considerado loco, tonto o estúpido: ¿qué es eso de dar, darse, entregarse, dejarse matar? Es remar contra corriente. Pero mirándolo bien, es donde se juega nuestro ser cristiano. Así seremos por nuestra vida motivo de escándalo evangélico para las mayorías, y si además, los otros se definen ante nosotros, seremos profetas.

Si nuestras comunidades educativas asumen esa libertad evangélica serán comunidades proféticas, comunidades de denuncia y de anuncio. Nuestros colegios serán comunidades de fe liberadora ante los cuales, los otros se definan. Comunidades educativas creadoras de comunidades. Hoy la vida reclama juntarse, unirse, solidarizarse, agruparse.

El signo que deberían otorgar nuestros colegios a esta realidad de vida comunitaria profética es:

- la liberación por la Verdad, 
- la liberación por la Bondad, 
- la liberación por la Paz y el Bien, que quiere decir Justicia.

Es cierto que los caminos que llevan a esta libertad evangélica suponen transitar los caminos de la libertad personal, auténticamente vivida.

¿Para qué tipo de libertad estamos educando a nuestros alumnos? ¿Confundimos libertad con ciertos tipos de actitudes individualistas?, ¿qué régimen de libertad reina en nuestro colegio, libertad tutelada, libertad asumida por cada uno, libertad "dentro de un orden".....?

d) La alegría

Francisco es alegre porque vive el gozo profundo, la esperanza.

Vive la alegría profunda de la libertad de los hijos de Dios. Vive el gozo profundo de saberse hijos y amados del Padre. Viven la esperanza porque asumen la cruz.Vive totalmente identificado con los sentimiento de Cristo en la Cruz, por amor.

Si afirmamos que el seguimiento de Jesús-pobre, obediente y crucificado, en respuesta al Amor gratuito del Padre, es lo que da a Francisco razones para la alegría, el gozo y la esperanza, tendremos que saber buscar en nuestro ambiente, en nuestro medio: ¿quién ama?, ¿quiénes están alegres y gozosos? ¿quiénes son capaces de vivir la esperanza?

Visiones negativas de la felicidad

En nuestro entorno vemos como se desvirtúa el sentimiento de felicidad.

A la felicidad y a la alegría se les propone desde el facilismo, lo superfluo, lo superficial, lo inmediato, el erotismo, el consumismo...

Una alegría que escapa a la cruz, a la muerte, a la enfermedad, a la vejez, a las arrugas, a todo tipo de declinación, a la discapacidad.

Cierto es también que hay sufrimientos impuestos por la injusticia de la pobreza, como el no acceso a la educación, al cuidado de la salud, a la vida digna...

La alegría del hombre auténtico se expresa en el gozo por la vida, la salud, el nacimiento de los hijos.

El hombre auténtico goza de las pequeñas cosas. Tiene sentido del humor, sabe reírse de sí mismo.

Muchas veces, los pobres son los que nos enseñan este modo de vivir, sencillamente y con serenidad, aún en medio de privaciones. Sin embargo, suelen ser los más criticados por irresponsables, vagos, inconscientes...

El hombre vive la alegría auténtica cuando integra lo negativo. Integra la decadencia, los sufrimientos, la cruz, las arrugas, los hijos no esperados, la enfermedad, los contratiempos, la muerte.

El ser humano vive la alegría auténtica cuando es capaz de vivir la vida sin disfraces,
cuando no se mantiene a sí mismo y no engaña a los demás.

El hombre auténtico vive la alegría porque lo 'hace desde la fe. Vive gozoso, dando gratuitamente lo que gratuitamente le es dado por Dios. Vive la vida como regalo y como don. Ese si es hombre de esperanza.

¿Cómo educadores qué nos hace felices? 
¿Con qué nos conformamos para estar contentos? 
¿Cómo contribuimos a la felicidad de los demás